
Cada año, jefes de Estado y de Gobierno coinciden en Nueva York para la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), donde exponen las posiciones y prioridades de sus países.
Sin embargo, el discurso ante el pleno es solo una parte de la agenda: durante esos días también se celebran reuniones bilaterales, encuentros de alto nivel y actividades paralelas. Este año incluso, la propia ONU incluyó una serie de reuniones sobre acción climática, derecho al desarrollo, aumento del nivel del mar y preparación frente a pandemias.
Eduardo Ulibarri, representante de Costa Rica ante la ONU durante el gobierno de Laura Chinchilla (2010-2014), y Rodrigo Alberto Carazo, quien encabezó la misión costarricense entre 2018 y 2022, en la administración de Carlos Alvarado, explicaron a La Nación cómo la concentración de autoridades en Nueva York permite gestionar múltiples contactos diplomáticos en pocos días.
“Casi que se abre el mundo para los países pequeños como Costa Rica, que no tienen capacidad de despliegue diplomático por el mundo”, afirmó Carazo.
Según el exembajador, una delegación puede tener entre 12 y 15 reuniones diarias durante cuatro o cinco días. Algunas comienzan desde las 7 a. m. y se realizan dentro y fuera de la sede de la ONU. La agenda incluye actividades oficiales del organismo, reuniones convocadas por países y encuentros entre delegaciones, detalló .
El rango del representante define el nivel de las reuniones
La presencia de un presidente, un canciller o un embajador no ofrece las mismas posibilidades para concertar reuniones durante la semana de alto nivel. Según Ulibarri y Carazo, la práctica diplomática procura que estos encuentros se realicen entre autoridades de rango equivalente.
“Jefes de Estado y de Gobierno se reúnen con jefes de Estado y de Gobierno, ministros de Relaciones Exteriores se reúnen con ministros de Relaciones Exteriores”, explicó Ulibarri.
Esto significa que, si Costa Rica está representada por la presidenta de la República, la delegación puede gestionar reuniones con otros presidentes o primeros ministros. Si encabeza la delegación el canciller, los encuentros se procuran principalmente con otros ministros de Relaciones Exteriores. El mismo principio se aplica cuando la representación queda en manos del embajador.
Ulibarri señaló que estas reuniones no ocurren de forma automática. De previo, el gobierno define con cuáles mandatarios tiene interés en reunirse y qué asuntos pretende abordar. La misión costarricense ante la ONU contacta entonces a las representaciones de esos países para determinar si existe interés mutuo y si las agendas permiten concretar el encuentro.
También puede ocurrir a la inversa: otros países pueden solicitar una reunión con la mandatario costarricense. Ulibarri recordó que, durante el primer año del gobierno de Laura Chinchilla, los primeros ministros de Israel y Palestina solicitaron encuentros con ella. Ambas reuniones se realizaron.
Carazo coincidió en que el rango limita los encuentros que pueden concretarse. Explicó que los mandatarios concentran numerosos compromisos durante esos días y que, por esa razón, resulta difícil que destinen parte de su agenda a una reunión bilateral con un representante de menor jerarquía.
“Dada la enorme cantidad de reuniones, no es factible que el presidente de algún otro país que tiene tantos compromisos se entreviste brevemente o por más tiempo con una persona que no esté a su nivel, un canciller o un jefe de misión”, afirmó Carazo.
Fernández decidió desde julio no asistir
La presidenta Laura Fernández había anunciado desde el 21 de julio que no asistiría a la Asamblea General de las Naciones Unidas para priorizar los temas de seguridad y los proyectos de inversión en Costa Rica. La mandataria dio esas declaraciones al programa Octavo Mandamiento, de Canal OPA.
Fernández explicó entonces que consideraba más relevante permanecer en el país atendiendo esos asuntos. También señaló que podía enviar a un representante para brindar el mensaje de Costa Rica ante la Asamblea.
Con su ausencia, Costa Rica acumuló cinco años consecutivos sin que el presidente de la República participe en estas sesiones. El último mandatario costarricense que asistió fue Carlos Alvarado, en el 2021. Rodrigo Chaves nunca fue.
El discurso también cumple una función diplomática
Aunque la semana de alto nivel incluye reuniones bilaterales y otras actividades fuera del pleno, Ulibarri explicó que el discurso ante la Asamblea tiene una función propia dentro de la agenda diplomática.
Para un mandatario que participa durante su primer año de gobierno, señaló, la intervención permite presentar ante los demás países las prioridades, los principios y los intereses que orientarán su política exterior.
“Es casi que como una especie de presentación del programa de política exterior del gobierno ante el mundo”, explicó Ulibarri.
El exembajador añadió que cada país puede utilizar esa intervención para referirse a los asuntos de la agenda internacional que considera prioritarios y que pretende impulsar dentro de Naciones Unidas.
El encuentro con Trump que Fernández dijo que habría atendido
Lo ocurrido esta semana con el entonces canciller Manuel Tovar mostró que, además del discurso ante la Asamblea General, la presencia de mandatarios en Nueva York da lugar a otras reuniones y actividades diplomáticas.
Tovar se encontraba en esa ciudad como representante de Costa Rica ante la Asamblea General cuando participó, el 22 de setiembre, en una sesión del Escudo de las Américas en la que estuvo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Dos días después, Fernández lo destituyó.
La Casa Presidencial argumentó, en un comunicado de prensa, que Tovar no trasladó a Fernández la información sobre esa actividad y que esa omisión impidió que la mandataria asistiera. La situación fue calificada como un “gran daño de carácter estratégico”.
Posteriormente, la mandataria explicó que existió un error en el traslado de la invitación que estaba dirigida a ella. Ella incluso se disculpó ante la embajadora de Estados Unidos en Costa Rica, Melinda Hildebrand, por no haber participado en el encuentro.
La reunión del Escudo de las Américas había sido convocada por el gobierno estadounidense en Nueva York aprovechando la presencia de jefes de Estado y de Gobierno que viajaron para participar en el Debate General de la Asamblea General.
Este tipo de encuentros es parte de la actividad diplomática que, según Carazo, ocurre paralelamente a las intervenciones ante el pleno. El exembajador explicó que durante esos días distintos países y agrupaciones convocan reuniones aprovechando que numerosas delegaciones de alto nivel se encuentran al mismo tiempo en Nueva York.
Los países también pueden convocar sus propias reuniones
La semana de alto nivel no solo permite asistir a actividades organizadas por Naciones Unidas o por otros gobiernos. Carazo explicó que un país también puede aprovechar esos días para convocar encuentros sobre asuntos de su interés.
En el caso de Costa Rica, mencionó como ejemplos la posibilidad de promover reuniones con mandatarios centroamericanos, latinoamericanos o de países sin ejército.
En esas actividades vuelve a influir el rango. Según Carazo, una convocatoria realizada por el jefe de Estado tiene mayores posibilidades de atraer a otros mandatarios que una encabezada por un representante de menor nivel.
La candidatura de Grynspan, otro tema para las reuniones de alto nivel
La candidatura de la costarricense Rebeca Grynspan a la Secretaría General de Naciones Unidas es otro asunto en el que, según Ulibarri y Carazo, las reuniones de la semana de alto nivel podían servir para realizar gestiones diplomáticas.
Tras su destitución, el excanciller Manuel Tovar también destacó la importancia de participar en esta semana y mencionó particularmente la candidatura de Grynspan.
Carazo explicó que el Consejo de Seguridad está integrado por 15 Estados y que es allí donde se define la elección del secretario general. Por esa razón, señaló que las gestiones de Costa Rica pueden concentrarse en procurar el apoyo de los países que forman parte de ese órgano.
Según Carazo, la presencia de la presidenta permitiría llevar esas solicitudes directamente ante jefes de Estado de los países representados en el Consejo.
Ulibarri coincidió en que la presencia de Fernández habría permitido expresar el respaldo del gobierno costarricense a la candidatura al máximo nivel político. También vinculó este punto con la regla de jerarquía que opera en las reuniones bilaterales.
“Es obvio que la presencia de la presidenta hubiera sido un impulso muy importante para la candidatura, porque eso implica que hay un compromiso real del país cuya nacionalidad tiene la candidata”, afirmó.
Ulibarri precisó que la candidatura corresponde a Grynspan como persona y no a Costa Rica como país. Sin embargo, explicó que el respaldo gubernamental puede manifestarse mediante gestiones políticas de alto nivel ante los miembros del Consejo de Seguridad.
