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Volver al Rincón de la Vieja, el lugar que nunca dejó de habitarme

Eran épocas en que la vida se guiaba más por la embriaguez de la intensidad que por el uso de la razón, sin que existiera demasiado tiempo para medir las consecuencias

Parque Nacional Rincón de la Vieja, sector de Las Pailas
Las Pailas es el sector de mayor visitación del Área de Conservación Guanacaste. Vapor y azufre emanan de fumarolas naturales del suelo amarillento y rojizo. Ricardo Millán González
Parque Nacional Rincón de la Vieja
El Parque Nacional Rincón de la Vieja está ubicado en las provincias de Guanacaste y Alajuela. (Ricardo Millán G./Foto cortesía)

Volver fue como releer un clásico: dejarse sentir de nuevo la libertad interior de la elección que nadie, absolutamente nadie, nos puede robar –postula Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido–, perder la cuenta entre tantos Aurelianos, Arcadios y Amarantas en la obra maestra de Gabo, o volverse loco –o volverse cuerdo–, como Alonso Quijano.

Fue reexperimentar el agua fría que sortea el cuello y escurre por mi cuerpo bocarriba, mientras observo ese intento de contacto sutil entre las ramas de los árboles que bordean el río, como queriendo protegerlo del sol guanacasteco, como agradeciéndole el gesto de ser fuente eterna de vida. Encuentro con mis pies de nuevo el musgo resbaladizo de las rocas, las hojas que acolchonan el fondo de la poza, los pequeños remolinos que todavía danzan desde aquella primera vez, hace ya más de tres décadas.

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