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Unos objetivos de desarrollo idóneos

CHRIS VAN ES
CHRIS VAN ES

ABUJA (Nigeria) A lo largo de los quince próximos años, la comunidad internacional gastará 2,5 billones de dólares en el desarrollo y los presupuestos nacionales contribuirán con innumerables billones más. En setiembre, los 193 Gobiernos del mundo se reunirán en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York para acordar un conjunto de objetivos mundiales a los que se asignarán esos recursos. Como hay tanto en juego, reviste importancia decisiva que nos inclinemos por las opciones más idóneas.

Como es más que natural que los políticos prometan hacerlo todo, las NN. UU. están actualmente dispuestas a examinar 169 objetivos, que no podrán abarcarlo todo. Los objetivos propuestos oscilan entre los ambiciosos (“acabar con las epidemias de sida, tuberculosis y paludismo”), los periféricos (“fomentar el turismo sostenible”) y los imposibles (“lograr en el 2030 un pleno empleo productivo y un trabajo decoroso para todos, incluidos los jóvenes y las personas con discapacidades”). Pero prometer todo a todos no constituye una orientación. La verdad es que tener 169 prioridades es como no tener ninguna.

Esta es la razón por la que mi grupo de estudios, el Consenso de Copenhague, pidió a 82 de los principales economistas del mundo, a 44 expertos sectoriales y a las organizaciones de las NN. UU. y las ONG que determinaran qué objetivos obtendrían los mejores resultados por cada dólar, euro o peso gastado. Después un equipo de economistas eminentes, incluidos varios premios Nobel, asignó prioridad a dichos objetivos desde el punto de vista de la optimación de los recursos.

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