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Los ocho años que quebrarán a Costa Rica

Tenemos tiempo para rectificar, pero, lamentablemente, no tanto como quisiéramos

Eli Feinzaig. El autor es economista.
Eli Feinzaig. El autor es economista.

El 29 de enero del 2009 el presidente Arias anunció el lanzamiento del Plan Escudo para paliar los efectos de la crisis internacional que se había desatado el año anterior. Se trató de una magnífica pieza de oratoria, como las que acostumbra a pronunciar el expresidente; un discurso cargado de grandilocuentes citas literarias, y un sentido casi mesiánico de la misión que el destino encargaba a nuestro premio Nobel de la Paz.

El llamado Plan Escudo resultó ser una colección de medidas dispares, no todas relacionadas con la inminente crisis: un aumento del 15% en las pensiones del régimen no contributivo, cuyo monto se revisa periódicamente para recuperar el poder adquisitivo de todos los beneficiarios; un aumento en el número de becas del programa Avancemos, que estaba proyectado desde su concepción; una propuesta para flexibilizar las condiciones de contratación laboral que pegó en el cerco legislativo y –lamentablemente– nunca vio la luz del día; programas de capacitación del INA; reducción forzada de tasas de interés en algunas entidades; una ley de banca para el desarrollo que resultó imposible de implementar; la capitalización de los bancos estatales, etc.

Mucho ruido y, en retrospectiva, pocas nueces.

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