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La exagerada realidad de la Franja y la Ruta

Respaldar proyectos chinos como este es una señal de lealtad que no garantiza recompensa alguna

China
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Brasil rechazó la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) antes de la visita de Xi Jinping el mes pasado, pero aun así logró cerrar decenas de acuerdos comerciales y mejorar su relación bilateral con China. A pesar de ser el socio más importante de China en la región, Brasil sigue siendo uno de los pocos países latinoamericanos que aún no se ha unido a la IFR.

La decisión de Brasilia de no adherirse es una prueba más de que la iniciativa es más retórica que sustancial. “Adherirse” implica firmar un memorando de entendimiento con Pekín, un acuerdo jurídicamente no vinculante ni obligaciones concretas. Este documento es solo un respaldo simbólico al liderazgo mundial de China y, para un país tan importante para China como Brasil, una concesión innecesaria.

Una década después de su lanzamiento, muchos analistas y políticos todavía creen que la IFR es un proyecto monolítico coordinado centralmente para el desarrollo global. Al malinterpretarlo, corren el riesgo de sobrevalorarlo y ello puede nublar su juicio al abordar la cooperación con China.

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