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Esteban y el día en que las palabras dejaron de hacer falta

Aquel viaje venció nuestros temores y nos demostró que la comunicación trasciende a la palabra hablada cuando se acompaña de amor y empatía

Esteban, joven de 30 años, sordo desde niño, en Chicago, viendo jugar a los Cubs. Lo acompaña el médico urólogo Andrés Arley.
Esteban, joven de 30 años, sordo desde niño, en Chicago, viendo jugar a los Cubs. Lo acompaña el médico urólogo Andrés Arley. Andrés Arley Vargas
Esteban, joven de 30 años, sordo desde niño, en Chicago, viendo jugar a los Cubs. Lo acompaña el médico urólogo Andrés Arley.
Al acercarnos por primera vez al estadio y contemplar la icónica marquesina del Wrigley Field, Esteban (der.) lloró de emoción. Lo acompaña el médico Andrés Arley Vargas. (Andrés Arley Vargas/Foto cortesía)

Esteban tiene 30 años y es sordo. Nació de forma prematura a causa de una hidrocefalia congénita, cuya secuela produjo un retraso mental leve. Su llegada al mundo ocurrió mediante una cesárea de emergencia, por sufrimiento fetal.

Es el hijo mayor de mis grandes amigos y vecinos, Beatriz y Mauricio, quienes comenzaron a sospechar de su pérdida auditiva alrededor de los cinco meses, debido a que no reaccionaba a los estímulos sonoros. Tras la natural angustia inicial, el pediatra sugirió realizar de inmediato las pruebas correspondientes.

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