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Desgaste peligroso

En el 2016, la democracia era todo para los costarricenses, pero ya en el 2022 dijeron tolerar ‘un gobierno de mano dura’

Un capítulo especial del Informe Estado de la Nación del 2016, sobre el descontento ciudadano y sus implicaciones para la estabilidad política, alertaba sobre el malestar existente con instituciones de la democracia representativa, como la Asamblea Legislativa, los partidos políticos y el gobierno.

El desempeño de dichas instituciones resulta clave para el sistema democrático y la convivencia colectiva. Si hay una percepción generalizada sobre su mal funcionamiento, porque no hay suficiente credibilidad o no pueden procesar de forma adecuada las demandas de la población, los mecanismos de construcción de la confianza empiezan a mostrar fisuras y la gente preferirá otras formas de organización de la sociedad, que le resulten quizá más ortodoxas en sus mecanismos de traducción de las necesidades y más eficaces e inmediatas.

En ese capítulo especial del informe, se reconocía que aun con el malestar evidente, existían mitos fundacionales sobre los que se fundamentaba la comunidad política costarricense para sostenerse. Uno de ellos, la creencia en que la democracia es preferible a otras formas de gobierno.

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