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Boric y el espejismo de su crítica a China

China no perdona las críticas, hace visibles los beneficios de la cooperación y también las represalias a quienes osen desafiarla

Periodista
Periodista

Dice el mantra que “los países en desarrollo no pueden criticar a China”. Nada de reproches a sus inversiones problemáticas, a sus incisivas prácticas en organizaciones multilaterales o a su pobre historial de respeto a los derechos humanos. Es un tabú político para los gobiernos de casi toda América Latina.

Las razones van desde la dependencia económica hasta las supuestas ventajas de la neutralidad para mantener un equilibrio entre Estados Unidos, China y otras potencias.

Otros van más allá y llegan a defender la relativización de los derechos humanos y los cambios en los estándares occidentales para acomodar al régimen chino. Sin embargo, esto está cambiando. Cada vez son más los gobiernos dispuestos a criticar al Partido Comunista de China (PCCh) cuando corresponde, separando los asuntos económicos de los humanitarios, como la desaparición de periodistas o los campos de concentración para minorías étnicas.

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