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Aprobar sin aprender: el costo que paga Costa Rica

El problema persistirá mientras madres y padres se conformen con el diploma en vez de exigir educación de calidad para sus hijos e hijas

En PISA 2025, el 70% de los estudiantes de 15 años no alcanzó el nivel básico en matemáticas, y el 47% tampoco lo logró en lectura.
En PISA 2025, el 70% de los estudiantes de 15 años no alcanzó el nivel básico en matemáticas, y el 47% tampoco lo logró en lectura.

Para miles de familias en nuestro país, la educación superior es la gran vía de ascenso social. Según el Observatorio Laboral de Conare, el 80% de las personas graduadas universitarias entre 2020 y 2022 salió de un colegio público, y siete de cada diez son las primeras de su familia con un título. Cumplir esa promesa se complica cuando el estudiante llega sin las herramientas para cumplirla.

Una de las primeras dificultades es que llegan a la universidad con grandes vacíos. El Informe del Estado de la Educación 2025 advirtió de que la promoción en secundaria supera el 90%, mientras muchas personas jóvenes egresan con habilidades de lectura y matemática de tercer o cuarto grado de escuela. Las universidades lo confirman en sus diagnósticos, que reportan mayores vacíos entre quienes vienen de colegios públicos: justo quienes más necesitan el título.

Las universidades responden con cursos de nivelación, tutorías, acompañamiento académico y apoyo psicosocial. Es una inversión necesaria y justa: sin esta, quien no tuvo una buena secundaria está en más riesgo de abandonar, y la universidad deja de ser ascensor social para volverse un filtro de origen. Ante esta realidad, la universidad pública debe seguir fortaleciéndose y dotándose de más recursos; sin embargo, no se puede pretender que sustituya indefinidamente a la secundaria.

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