Editorial

Huelga en Limón

El país sufre la irresponsabilidad y avaricia de un grupo relativamente pequeño, cuyos intereses personales se anteponen al interés público

El costo de las acciones del Sindicato de Trabajadores de Japdeva (Sintrajap) va mucho más allá de la suma contable de las pérdidas ocasionadas debido a los barcos dejados de atender por cada día de huelga transcurrido. El país, como un todo, sufre la irresponsabilidad y avaricia de un grupo relativamente pequeño, cuyos intereses personales se anteponen al interés público. Es indispensable derivar algunas lecciones de lo actuado y elaborar una estrategia más eficaz hacia el futuro.

Esta vez, el Sindicato pelea por una cláusula en el contrato (9.1) celebrado por el Estado con la firma holandesa APM Terminas que le conferiría el derecho de recibir y descargar contenedores en esa provincia. Pero no es la primera vez que los sindicalistas se alzan en huelga. Lo han hecho en muchísimas ocasiones, todas con un denominador común: obtener más beneficios de carácter económico y más poder para tratar de controlar una parte importante de los recursos de Japdeva.

La trayectoria sindical se puede resumir así: el Estado creó una institución pública –Japdeva– para generar empleo y desarrollar la provincia de Limón, urgida de perseguir ambos fines. Pero el Sindicato de Trabajadores –Sitrajap– se apoderó de ella en su propio interés. Los abusivos beneficios laborales así lo demuestran. Y, como ahora el Estado pretende con el megapuerto romper el ruinoso monopolio que, de hecho, mantenían los sindicalistas en el manejo de los puertos de Moín y Limón, se oponen a la nueva concesión. Por eso, su argumentación de combatir el monopolio resulta falaz e inadmisible, pues, en el fondo, lo que pretenden es seguir disfrutando de su monopolio virtual en la manipulación de contenedores, cuyo costo para las navieras y el país es el más elevado, precisamente por las gollerías salariales.

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