Editorial

El embrollo fiscal

El problema fiscal existe y es grave, aunque desde la época de la Ley de Solidaridad Tributaria los ahora gobernantes se hayan negado a aceptarlo

El 14 de marzo del 2012, veintidós diputados liberacionistas, ocho del Partido Acción Ciudadana y un evangélico se unieron para aprobar el Plan de Solidaridad Tributaria propuesto por la presidenta Laura Chinchilla. Parecía vencida la férrea oposición del resto del Congreso, incluido su presidente Juan Carlos Mendoza y las facciones del PAC afines al futuro candidato Luis Guillermo Solís, pero todavía quedaba la posibilidad de acudir a la Sala IV, alegar un defecto de procedimiento y liquidar el plan, como en efecto sucedió.

Así, los partidarios del ahora presidente Solís derrotaron un proyecto cuyos beneficios se habrían hecho sentir en el último año y medio de la administración Chinchilla, cuando mucho. En cambio, el nuevo gobierno habría tenido los recursos adicionales a mano desde el primer día y durante todo su periodo.

Para más ironía, el Plan de Solidaridad Tributaria se parecía mucho a la propuesta fiscal de la administración Solís, pero durante el gobierno de Chinchilla, los opositores lo calificaban de innecesario. Consecuente con esa posición, el candidato del PAC prometió no crear impuestos antes de cumplir dos años en el Gobierno. Para cimentar la promesa, ofreció dedicar la primera mitad del mandato a demostrar cómo se gasta bien, con eficacia y austeridad.

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