Editorial

Editorial: Sin confianza y diálogo, la democracia enferma

La reconsideración de la decisión del presidente de no asistir a la reunión sobre seguridad ciudadana en la Asamblea fue motivo de fugaz alegría

El presidente Rodrigo Chaves enfrenta investigaciones por presuntos delitos, mientras que el fiscal general Carlo Díaz enfrenta asuntos disciplinarios de menor gravedad.
Alonso Tenorio

Los costarricenses nos hemos acostumbrado a vivir en democracia, a considerarla una parte inherente de nuestra existencia cotidiana, como si la hubiéramos tenido siempre, como si la fuéramos a tener por siempre. La posibilidad de que nos pueda faltar, que se pueda empañar, incluso que se pueda romper, no es para nosotros real.

Siempre vemos la democracia presente en nuestro futuro, la intuimos, presuponemos que ahí estará, porque no concebimos que pueda existir otra manera de vivir. Pero la democracia es un proceso social, es decir, está viva, puede cambiar y enfermar, a veces con un leve resfrío, en otras oportunidades con un mal grave y en algunos casos incluso morir.

Una democracia como la nuestra requiere cuidado continuo, al igual que la tierra necesita agua y sol para ofrecernos sus mejores frutos. Una democracia descuidada va camino a convertirse en una democracia enferma. Quienes creemos en la causa de la democracia debemos trabajar todos los días para fortalecerla. No hacen falta actos de heroísmo extraordinario. Por el contrario, pueden ser cosas sencillas, cotidianas, por ejemplo, incentivar valores como el respeto a la libertad de pensamiento, la libertad de expresión o el reconocimiento de la contribución de todos los grupos sociales y personas en el diario quehacer del país.

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