Editorial

Editorial: Revisión de estructuras en el MEP

El MEP es una de las instituciones más grandes de Centroamérica. Su estructura y gobierno deben anteponer los intereses de la comunidad y los educandos a los de la administración.

08/02/2018. La Carpio, San José. Inicio del curso lectivo en la escuela Finca La Caja ubicada en el centro de La Carpio al oeste de San José. Debido a que la la escuela nueva está en proceso de construcción unos 1500 estudiantes fueron distribuidos en unas poca aulas. En la foto: Sobre una pila de pupitres y sillas dañados, el personal docente de la escuela ubicó la lista de matrícula de la escuela Finca La Caja. Foto: Albert Marín.
08/02/2018. La Carpio, San José. Inicio del curso lectivo en la escuela Finca La Caja ubicada en el centro de La Carpio al oeste de San José. Debido a que la la escuela nueva está en proceso de construcción unos 1500 estudiantes fueron distribuidos en unas poca aulas. En la foto: Sobre una pila de pupitres y sillas dañados, el personal docente de la escuela ubicó la lista de matrícula de la escuela Finca La Caja. Foto: Albert Marín. Albert Marín.

En el Ministerio de Educación Pública (MEP), hay ocho jefaturas sin subalternos. La remuneración de esos funcionarios responde a responsabilidades inexistentes. Y no es poca cosa. La institución paga ¢158,4 millones al año solo en salarios, además de beneficios y cargas sociales. Otros cinco jerarcas apenas tienen una persona a cargo, pero jefe es jefe a la hora de cobrar el sueldo. Cuatro altos funcionarios tienen dos subalternos y otros cinco supervisan a tres cada uno. Ocho departamentos, con todo y jefe, solo tienen cinco funcionarios.

El Ministerio admite la existencia del problema, tanto que en marzo del 2015 el Departamento de Planificación Institucional emitió una circular para resolverlo. Los buenos propósitos fueron ignorados por completo, quizá por falta de un jefe que se hiciera cargo de ponerlos en práctica.

El fenómeno no es exclusivo del Ministerio de Educación. En toda la Administración Pública, sucesivas reorganizaciones dejan cabos sin atar, y como los sistemas están diseñados para perpetuar beneficios individuales en lugar de procurar los colectivos, las jerarquías se mantienen aunque se extingan las funciones. De hecho, las jefaturas sin subalternos carecen, también, de evaluación del desempeño, quizá porque nada se espera de ellas. Tenían un propósito en el momento de su creación, pero dejaron de tenerlo y ahora solo queda un renglón en la planilla.

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