
El papa León XIV concluyó, el lunes, una visita apostólica de cuatro días a Francia, con un oportuno e inspirador llamado a la diversidad, la tolerancia y la paz; al “redescubrimiento creativo de nuestras raíces” junto a “una escucha atenta del otro”; al rechazo de los dominios impuestos, y a la posibilidad de “hacer valer opiniones, reivindicaciones e intereses divergentes” mediante el encuentro, no el enfrentamiento.
Su mensaje, siempre apegado a la visión humanista y universal del auténtico cristianismo, estuvo ligado esta vez a un propósito más concreto y necesario. Consistió, por una parte, en impulsar la causa de una Europa unida en su diversidad alrededor de la libertad, la dignidad humana y el Estado de derecho; por otra, en hacerlo como homenaje a uno de los “padres fundadores” de la actual Unión Europea (UE): el estadista francés Robert Schuman.
León XIV seleccionó, como recinto, el centro de convenciones que lleva su nombre, en la ciudad de Metz, donde Schuman fijó por años su residencia. Allí descansan sus restos.
Como ministro de Asuntos Exteriores francés, Schuman impulsó, en 1950, la creación de la “Comunidad del Carbón y el Acero”, con Alemania Federal incorporada, semilla de paz europea y de la posterior integración continental. Católico devoto y practicante, fue difusor de la corriente política conocida como democracia cristiana. En 2021, el papa Francisco reconoció sus “virtudes heroicas” y abrió un proceso que podría conducir a la canonización.
León XIV definió sus palabras, ante un selecto grupo que incluyó al presidente Emmanuel Macron, como “un viaje desde las raíces de Europa para llegar a su presente y mirar hacia el futuro”. Su visión no partió de la idealización, sino de un sobrio balance de fracasos y logros, aberraciones e inspiraciones. “En su largo y turbulento recorrido histórico”, afirmó, Europa ha avanzado “cuando ha sido capaz de asimilar los aspectos positivos de su pasado y de replantearlos de formas nuevas y creativas gracias al encuentro con el otro”.
Destacó aspectos que no fueron “siempre fáciles”, y recordó: “Basta pensar en la presencia de la cultura árabe en la península Ibérica, o en la proyección del ”Viejo Continente” hacia el “Nuevo Mundo”, que generó, a veces de manera dolorosa, síntesis inéditas en el continente americano”. Nosotros añadimos el colonialismo extractivo.
Schuman, dijo el Pontífice, “contribuyó de manera fundamental a dar forma a la Europa moderna”, cuya cultura tiene, aunque no desde el punto de vista confesional, una deuda con el cristianismo. Se refleja, entre otras cosas, en el Preámbulo del Tratado de la UE. De este, citó “los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona, así como la libertad, la democracia, la igualdad y el Estado de derecho”.
Instó a que esos principios se apliquen mediante el diálogo con la pluralidad de pueblos, etnias y convicciones, desde lo que su predecesor Francisco definió como “el reto de una armonía constructiva, libre de hegemonías”.
En medio de las relaciones de barbarie entre pueblos y Estados, recordó que “el derecho internacional y el multilateralismo hacen hincapié en la igualdad efectiva de los Estados en sus relaciones mutuas y constituyen el mejor antídoto contra la voluntad de dominación, que es la raíz de todo conflicto”.
Al repasar con atención sus palabras, el mensaje papal surge como una alerta ante los ímpetus nativistas, populistas, intolerantes y exclusionistas de partidos de la extrema derecha europea. También puede verse como un llamado a continuar por la ruta que ha trazado la UE, y una reiteración de que su razón de ser y los valores en que se asienta, compartidos en muchas otras geografías, impulsan dimensiones profundamente humanas, lúcidas y creativas de la civilización.
Este viaje apostólico del Papa comenzó en París. Allí, acudió al palacio presidencial del Eliseo, la sede de la Unesco y la catedral de Notre Dame; ofició misa en la plaza de la Concordia, ante una multitud que se extendió hasta el Arco del Triunfo, y tuvo un encuentro masivo con jóvenes en el Stade de France. Visitó Lourdes, donde rechazó la posibilidad de muerte asistida, aprobada recientemente, aunque con múltiples limitaciones, por la Asamblea Nacional Francesa. La prensa calcula que poco más de 1,3 millones de personas acudieron a su llamado.
Su mensaje de cierre, en el Centro Schuman de Metz, tuvo el alcance más político, en el sentido amplio del término. Allí asumió postura, desde el cristianismo, sobre la condición humana, las estructuras y dinámicas globales, los desafíos actuales y las mejores vías para hacerles frente.
El mundo necesita esta voz. León XIV la levanta con serenidad y valentía. No dejemos de escucharla.
