Editorial

Editorial: Del discurso de ruptura a los buses y el arroz con pollo

El problema de fondo no es el arroz con pollo, sino lo que se pretende comprar con él. Dar de comer a quien tiene hambre es generosidad; pedirle aplausos a cambio es clientelismo. La legislación electoral prohíbe a quienes ejercen función pública poner el cargo al servicio de un partido y esa frontera es la que hay que verificar

Asistencia a Consejo de Gobierno en Puntarenas.
Asistencia a Consejo de Gobierno en Puntarenas. Aarón Sequeira
Asistencia a Consejo de Gobierno en Puntarenas.
El 30 de setiembre, en los alrededores de la explanada de la Capitanía del Puerto de Puntarenas, se repartió almuerzo a las personas que fueron llevadas a hacer vítores a favor de Fernández y sus ministros durante la sesión del Consejo de Gobierno. (Aarón Sequeira/Aarón Sequeira)

Que un gobierno llene una plaza con ciudadanos transportados gratuitamente con la esperanza de un almuerzo, un refresco y quizá algo más, no es una invención atribuible a esta administración. Nadie con memoria puede escandalizarse como si fuera novedad, pero no por eso deja de ser reprochable, sobre todo, viniendo de quienes hacen del rompimiento con sus antecesores uno de sus mantras políticos.

Han hecho campaña contra “los últimos diez gobiernos”, y todavía acusan de irresponsables a los de Liberación, la Unidad y el PAC. Un discurso de ruptura contiene la promesa implícita de que las viejas costumbres se acabarían. Pero cuando necesitan una plaza llena, recurren al método de siempre. No inventan nada; copian sin pudor lo que dicen despreciar. La política de la dádiva no se vuelve distinta porque cambie el color de la bandera o la consigna del cartel.

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