Editorial

Editorial: La soledad del dictador

Muy pocos países, la mayoría autocráticos, avalaron la patética juramentación de Ortega para otro período presidencial

Handout picture released by the Venezuelan Presidency showing the president of the Nicaraguan National Assembly, Gustavo Porras (L), raising the hand of Nicaraguan President Daniel Ortega (C) as he is sworn in as president for a fourth straight term next to his wife and vice-president Rosario Murillo (R), during the inauguration ceremony in Managua on January 10, 2022. (Photo by Zurimar CAMPOS / Venezuelan Presidency / AFP) / RESTRICTED TO EDITORIAL USE - MANDATORY CREDIT "AFP PHOTO / VENEZUELAN PRESIDENCY / ZURIMAR CAMPOS" - NO MARKETING - NO ADVERTISING CAMPAIGNS - DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS
Handout picture released by the Venezuelan Presidency showing the president of the Nicaraguan National Assembly, Gustavo Porras (L), raising the hand of Nicaraguan President Daniel Ortega (C) as he is sworn in as president for a fourth straight term next to his wife and vice-president Rosario Murillo (R), during the inauguration ceremony in Managua on January 10, 2022. (Photo by Zurimar CAMPOS / Venezuelan Presidency / AFP) / RESTRICTED TO EDITORIAL USE - MANDATORY CREDIT "AFP PHOTO / VENEZUELAN PRESIDENCY / ZURIMAR CAMPOS" - NO MARKETING - NO ADVERTISING CAMPAIGNS - DISTRIBUTED AS A SERVICE TO CLIENTS ZURIMAR CAMPOS

Acompañados por los gobernantes de Cuba, Venezuela y Honduras, y delegados de apenas otros 18 países, la mayoría autocracias y solo tres de nuestro hemisferio, Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, ejecutaron el lunes un nuevo acto de su dictadura familiar: asumir el poder, como presidente y vicepresidenta, por un período que se extiende hasta el 2027. Sumados a los tres quinquenios inmediatamente anteriores y a los 10 años previos en que dirigió Nicaragua, el dictador casi duplicará la permanencia en el poder de Anastasio Somoza García y solo quedará por debajo, en América Latina, de Fidel Castro, Alfredo Stroessner y Rafael Leónidas Trujillo. Tal elenco habla por sí mismo sobre la perversa naturaleza del régimen.

El aislamiento internacional en que se produjo su juramentación y la de los 91 diputados de la Asamblea Nacional (75 del sandinismo y 16 de partidos sumisos) se origina en otro tipo de aislamiento aún más notorio: el de su propio pueblo. Durante los últimos años, pero especialmente tras las masivas protestas populares en abril del 2018, acalladas a sangre, fuego, persecución y cárcel, Ortega y sus secuaces emprendieron un asalto sistemático y total contra todo vestigio democrático; sin embargo, aún tratan de encubrir con algunas máscaras acartonadas la arbitrariedad extrema de su poder.

La culminación más ostensible de este proceso fue la farsa electoral de noviembre pasado, antes de la cual fueron encarcelados todos los aspirantes presidenciales opositores, se canceló la personería de sus partidos y, mediante distintos mecanismos, los medios de comunicación independientes fueron virtualmente eliminados. Esto se dio en un contexto de profunda crisis económica, social y sanitaria, agudizada por desinterés, ineptitud y perversión del régimen.

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