Editorial

Editorial: El grotesco fraude de Maduro

Incapaz de detener la marea opositora, el régimen optó por manipular resultados y burlar la voluntad del pueblo

Nicolás Maduro gobierna en Venezuela desde el 2012 y millones de ciudadanos le tildan de dictador. Foto: AFP
Nicolás Maduro. YURI CORTEZ

Los venezolanos fueron víctimas de un grotesco fraude en las elecciones presidenciales de este domingo. La maniobra, activada por el dictador Nicolás Maduro y sus secuaces, desde el momento mismo en que se abrieron los centros de votación, ha sido burda, flagrante y carente de credibilidad. Sin pudor alguno, han burlado la voluntad popular expresada en las urnas, con un único objetivo: mantener enquistada en el poder la camarilla corrupta, arbitraria y represiva de la que forman parte.

Nadie con elementales convicciones democráticas puede aceptar una maniobra de esta índole, que viola los principios más elementales de la democracia y el fundamento supremo para la legitimidad de un gobierno: obtener el poder mediante el ejercicio libre del voto y el respeto de los resultados.

En Venezuela ha ocurrido lo contrario. El régimen fracasó en sus intentos de amedrentar a dirigentes opositores, inhabilitar candidatos (en particular, a María Corina Machado) y confundir al electorado. Ni estos ni otros métodos perversos impidieron que la candidatura de Edmundo González Urrutia, de la Mesa de Unidad Democrática, alcanzara un ímpetu irrefrenable. Confrontado con una derrota contundente, el último día activó su plan extremo: usar el control oficialista del Consejo Nacional Electoral (CNE) para manipular los datos de votación y construir una “realidad” inexistente. Es decir, como el propio Maduro había dicho, ganar “por las malas”.

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