Editorial

Basta ya

Daniel Ortega y Rosario Murillo han perdido toda legitimidad y capacidad como gobernantes, para contener la tragedia deben oír el clamor popular: ‘¡No más muertos!’ y ‘¡Que se vayan!’.

Un hombre -que había sido arrestado en recientes protestas- es abrazado por sus familiares después de haber sido liberado de la cárcel en Masaya, Nicaragua, el 22 de junio de 2018. Diez personas fueron ayudadas a salir de la cárcel por la Iglesia Católica y la Asociación Nicaragüense de Derechos Humanos (ANPDH).
Un hombre -que había sido arrestado en recientes protestas- es abrazado por sus familiares después de haber sido liberado de la cárcel en Masaya, Nicaragua, el 22 de junio de 2018. Diez personas fueron ayudadas a salir de la cárcel por la Iglesia Católica y la Asociación Nicaragüense de Derechos Humanos (ANPDH). MARVIN RECINOS

El saldo es abominable, indignante y revelador. También inaceptable. Según el más reciente informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), presentado el viernes al Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA), durante los dos meses de protestas ciudadanas en Nicaragua, transcurridos entre el 18 de abril y el 19 de junio, “la acción represiva del Estado ha producido, al menos, 212 personas muertas”, 1.337 han sido heridas y 507 detenidas de forma arbitraria.

A esto se añaden cientos “en condición de riesgo tras ser víctimas de ataques, hostigamientos, amenazas y otras formas de intimidación”, y existe “extensa información y denuncias por irregularidades y denegación de atención médica y obstaculización de la labor humanitaria” para asistir a los heridos o lesionados por la violencia gubernamental. Muchos de ellos, según personal médico citado por la CIDH, han presentado “impactos de bala en la cabeza, los ojos, el cuello y el tórax, así como en la espalda”. A lo anterior se añaden presiones a los medios de comunicación independientes, amenazas a los opositores y manipulación de las instancias judiciales.

El régimen ha tratado de ocultar su responsabilidad en la virtual carnicería de la manera más burda y cruel posible: el despliegue de francotiradores y grupos paramilitares –en los que abundan delincuentes–, a los que la Policía, que también reprime directamente, da instrucciones, brinda guía, otorga protección y garantiza impunidad; luego, culpa a los ciudadanos de la violencia, que no ha cesado de cobrar víctimas.

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