Columnistas

Rupturas en la política ambiental de Costa Rica

Cada vez hay más señales de que la política ambiental de Costa Rica padece, en el mejor de los casos, una bifurcación; en el peor, una ruptura

Cada vez hay más señales de que la política ambiental de Costa Rica padece, en el mejor de los casos, una bifurcación; en el peor, una ruptura. Su principal causa, aunque no la única, es que el gobierno dio al Incopesca un papel protagónico en el manejo de la llamada “agenda azul”, que ejerce de manera casuística, con desdén por la evidencia científica e irrespeto por el resto de la institucionalidad. Esta incluye al Minae, rector formal en la materia.

Como consecuencia, se están generando graves perjuicios en la protección y manejo marino sostenible y en nuestra imagen internacional. Los hechos, en orden cronológico, hablan con claridad.

En noviembre pasado, durante una conferencia mundial sobre vida silvestre, representados por el Incopesca, rompimos nuestra tradicional política de apoyo y nos sumamos a otros 12 Estados que se abstuvieron de avalar una propuesta para proteger seis especies de peces rayas en peligro crítico. La apoyaron 101 y se opusieron 14. En marzo del presente, la pesca de arrastre a escala industrial regresó con su aval, disfrazada de “prueba”, sin base ni rigor fáctico.

‌
‌

‌

‌
‌

‌

‌