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Página quince: ¿Una generación perdida o ganada?

El rendimiento de alumnos en condiciones vulnerables provenientes de colegios públicos que ingresan al Tec con 520 puntos o más es similar al de quienes lo logran por el método regular

Guiselly Mora: editora de Opinión. Columnistas. Opinión
Guiselly Mora: editora de Opinión. Columnistas. Opinión

Los seres humanos dejaron de creer en que “quien nace para maceta del corredor no pasa” gracias al progreso de la ciencia, tan defendida en estas latitudes en estos días y a estas horas cuando, paradójicamente, con el propósito de resolver el déficit fiscal, los diputados del PAC proponen gravar las zonas francas, donde están las empresas contratantes de una parte del personal graduado en estas profesiones y Cinde reporta plazas vacantes por falta de ingenieros aquí y en el resto del mundo. La demanda global se cuenta por millones.

Por tanto, antes de tomar posición sobre el cambio en el proceso de admisión en el Instituto Tecnológico (Tec), proveedor de algunos de esos expertos tan necesarios, merece la pena un ejercicio para determinar si cumple la regla de hacer el mayor bien posible, incluso cuando no se sabe a quién exactamente se beneficia, como proponen bioeticistas como el australiano Peter Singer.

Preguntó ayer el exministro de Educación Francisco Antonio Pacheco, en su artículo «El Tec está a tiempo de rectificar», si el sistema utilizado por el Instituto Tecnológico para el ingreso en el 2021 sería una forma de «abrir la puerta del fracaso a muchos de los admitidos mediante los nuevos procedimientos».

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