Columnistas

Página quince: Molinos, el desapegado de Dios

Para reposar el espíritu en días de solaz, acudir a sus quietas y luminosas páginas es una buena opción.

José Ricardo Chaves
José Ricardo Chaves

Hace muchos años, conocí la obra del místico Miguel de Molinos, su Guía espiritual. Supe entonces que me encontraba ante la tercera cima de la experiencia mística cristiana en España (junto con santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz) y que solo los avatares de la política, la historia y la teología habían apartado su brillante legado del ojo público y lo habían puesto por más de dos siglos en la cárcel del olvido y en el rincón oscuro de la heterodoxia, al menos en el mundo de habla castellana, pues su legado se había conservado vivo en Italia, Francia, Inglaterra y Alemania.

Avatares biográficos. Molinos (1628-1696), nacido en Aragón y formado en Valencia, se trasladó a Roma, donde fue detenido tras varios años de vivir ahí, una década después de haber publicado su exitosa Guía espiritual en 1675 y de haber consolidado su prestigio místico.

Fue juzgado por la Inquisición, acusado de herejía y de un sinfín de actos deleznables, incluidos los sexuales, cuya diversidad y suma solo hace sospechar de un montaje de los acostumbrados por tan santa institución. Fue condenado por inmoralidad y heterodoxia y recluido en cárcel reducida y penumbrosa por el resto de su vida, donde murió un 29 de diciembre, hace casi tres siglos y cuarto.

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