Miguel Ángel Rodríguez. 27 mayo

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó hace pocos días la primera entrega de sus perspectivas económicas para el año en curso. Incluye una visión de la coyuntura por la cual atraviesa Costa Rica, signada por una producción ralentizada inmersa en cambios que, de continuar, generarán un futuro más dinámico. Urge poner en práctica esos cambios, agrego yo, para enfrentar los graves problemas de desempleo, informalidad y pobreza.

La OCDE estima que son elementos positivos para el crecimiento: 1. El aumento de la inversión en infraestructura del gobierno (pero es en parte compensado por la caída en la inversión en construcción del sector privado). 2. Mejores expectativas del sector privado a causa de las reformas fiscales (todavía muy débiles las perspectivas empresariales en el 2019, según las encuestas de Uccaep y del IICE de la UCR). 3. Mejores términos de intercambio mitigado su efecto por los nuevos impuestos y menos crecimiento en el crédito bancario (menos crecimiento interanual que hace un año, pero dejó de caer). 4. Impulso favorable que vendrá del crecimiento de las exportaciones, principalmente, de servicios empresariales de alto contenido de conocimiento.

Miguel Ángel Rodríguez
Miguel Ángel Rodríguez

(Video) Cuatro economistas y un ingeniero hablan de cómo aumentar la productividad

Estamos empezando. Específicamente, señala la OCDE : “Ejecutar la histórica reforma impositiva mejorará la sostenibilidad fiscal y la progresividad del impuesto sobre la renta. Sin embargo, será esencial la implementación de la nueva regla fiscal para frenar el aumento de la deuda pública respecto al PIB. Reformas para racionalizar la organización institucional y del empleo público generarían ahorros adicionales, mejorarían la eficiencia de los servicios públicos y disminuirían la desigualdad”.

Los efectos sobre la producción no serán positivos este año. El cálculo de la OCDE es que el PIB en el 2019 solo crecerá en un 2,7 % (igual que en el 2018 cuando se perdieron 0,4 puntos a consecuencia de las huelgas de servidores públicos, lo cual es de esperar no se repitan este año). Lo anterior confirma la desaceleración de la economía, que es una tendencia que se mantiene desde fines del 2015.

La tendencia negativa del índice mensual de actividad económica (IMAE) se da también con las mediciones trimestrales y anuales del PIB.

El cuadro de la débil producción se torna más grave aún cuando se analiza el nivel de desempleo que sufrimos, aún mayor al experimentado durante la crisis económica de inicios de los ochenta. Y, además, ha venido aumentando.

Falta un fuerte empuje y una concentración del gobierno en pos de este objetivo. Se deben quebrar las expectativas pesimistas y cambiar el clima empresarial negativo.

Sin resultados aún. Empresarios, políticos y analistas hemos señalado la necesidad de una fuerte reactivación económica, y el gobierno ha dado pasos en el incremento de la inversión, la reducción de trámites, la creación de programas de capacitación, la rebaja del costo de la electricidad para grandes consumidores, la reducción de las tasas de interés y la eliminación de algunos obstáculos en campos específicos de la producción.

Pero los resultados no se ven aún. La producción la efectúan muy mayoritariamente empresarios y trabajadores del sector privado. El gobierno, generalmente, lo que puede hacer, y más con las limitaciones fiscales actuales, es quitar trabas y mejorar los incentivos para invertir, innovar y producir.

Falta un fuerte empuje y una concentración del gobierno en pos de este objetivo. Se deben quebrar las expectativas pesimistas y cambiar el clima empresarial negativo. Eso requiere dejar para otra ocasión asuntos conflictivos irrelevantes para estimular el crecimiento. Pero actores del partido de gobierno, y el mismo Poder Ejecutivo, se empeñan en traer a debate temas de vida y familia, y limitaciones a la libertad de religión, los cuales nos dividen profundamente y dificultan el acuerdo para acelerar el crecimiento.

Frente a la pobreza, la informalidad y el desempleo de cientos de miles de costarricenses, le corresponde al presidente concentrar los esfuerzos en reactivar la economía, con el mismo empuje y la misma determinación del año pasado cuando promovió exitosamente la reforma fiscal.

El autor es expresidente de la República.