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Página quince: Deberíamos mejorar, podríamos empeorar

Antes, los encuestados tenían respecto a sí mismos una visión optimista. Ahora, la idea sobre el futuro propio también es pesimista.

Miguel Ángel Rodríguez
Miguel Ángel Rodríguez

Soy hijo de la Segunda Guerra Mundial. Nací en 1940. En la posguerra, crecí y viví viendo a mi familia y a mi país progresar.

De niño, recuerdo a muchas personas descalzas por la avenida central de San José. De joven, están en mi memoria los nombres de los pocos colegios existentes en Costa Rica. De mis años de trabajo empresarial, me acuerdo de las chozas de piso de tierra donde vivían, muy pobremente, la mayor parte de las familias en la zona rural. Claro que todavía hoy es posible encontrar algún campesino descalzo, que para algunos estudiantes el colegio esté muy lejano —casi siempre con transporte gratuito y demasiados no terminan su bachillerato— y claro que algunas familias habitan aún en viviendas inadecuadas a pesar del ejemplar esfuerzo de construcción de vivienda popular, más intenso en la última década del siglo pasado, efectuado por nuestra nación.

Por eso, me golpea muy duro el pesimismo que siento hoy imperar en Costa Rica, sentimiento cuyo agravamiento se nota en las expectativas empresariales medidas por encuestas especializadas de la Uccaep y el Instituto de Investigaciones en Ciencias Económicas de la Universidad de Costa Rica.

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