Columnistas

Página quince: Ciudades para las personas

Londres, Chengdu, Madrid, París y otras ciudades ya prohíben los autos en áreas centrales de la ciudad, creando zonas de emisiones ultrabajas.

Gerente de prácticas, desarrollo urbano y gestión de riesgos de desastres (Asia Oriental y el Pacífico) en el Banco Mundial.
Gerente de prácticas, desarrollo urbano y gestión de riesgos de desastres (Asia Oriental y el Pacífico) en el Banco Mundial.

SINGAPUR– La divina comedia de Dante describe un nivel del infierno (la ciudad de Dis) como “la ciudad miserable de Satanás (...) que está llena de angustia y terrible tormento”. Dante bien podría haber estado describiendo muchas metrópolis modernas.

El mundo, especialmente el África subsahariana y Asia, está atravesando por una ola masiva de urbanización. Sin embargo, dicha urbanización se está produciendo, en su gran mayoría, en ausencia de planificación urbana, e incluso en aquellos municipios que intentan crear planes a menudo no los aplican de manera eficiente o no responden adecuadamente a las necesidades de la mayoría de las personas. El resultado son ciudades superpobladas, sucias y desordenadas que socavan la salud y la felicidad de los residentes.

En la planificación de nuestras ciudades, hemos puesto las necesidades de los automóviles por encima de aquellas de las personas, enfatizando, con demasiada frecuencia, en el acceso de los vehículos particulares (mientras que, a su vez, sancionamos a los peatones y ciclistas por imprudencia peatonal), un enfoque que crea un embotellamiento casi permanente y una gran contaminación. El conductor promedio en Los Ángeles pasa 102 horas al año en tráfico pico. En Yakarta, el conductor promedio arranca y detiene su automóvil más de 33.000 veces al año.

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