Miguel Sobrado. 13 noviembre

El comercio mundial destacó, una vez más, nuestro papel de puente entre las dos masas del continente americano y su papel en la comunicación interoceánica.

Por una parte, el narcotráfico se aprovecha de la pobreza y el desarrollo desigual en las regiones costeras y fronterizas para conseguir socios, y reclutar y formar sicarios que coadyuven al apoderamiento progresivo de la vital ruta para su negocio.

Debemos pensar en Costa Rica primero, nuestra amistad con el pueblo de los Estados Unidos y los demás del continente está más allá de la línea aislacionista de Trump.

El tráfico de drogas es creciente, los mismo que su repercusión económica, social y política. Amplias regiones del Caribe y del Pacífico se encuentran bajo control casi total de fuerzas económicas con respaldo armado, que ejercen función de Estado.

Cada día son más visibles, por el número de asesinatos, los conflictos por el control de territorios y ajustes de cuentas. Las armas utilizadas, frecuentemente, son superiores técnicamente a las del Gobierno.

Su poder económico y político es creciente, y, si no hay un cambio de estrategia, se apoderarán de nuestro Estado, como ya lo hicieron en los países del llamado Triángulo Norte —Honduras, Guatemala y El Salvador—, gran parte de México y Colombia.

Ojos en Centroamérica. La República Popular China, potencia en ascenso económico cuyo proyecto es reconstruir, expandiéndola a todo el mundo, la antigua ruta de comercio por donde fluían las mercancías asiáticas de Oriente y Europa, se ha propuesto construir una gran infraestructura de carreteras, trenes y vías fluviales para abarcar todo el mundo. Por eso, se han interesado en el istmo centroamericano.

Comenzaron a hacer los contactos con Costa Rica, después del establecimiento de relaciones diplomáticas, la construcción del Estadio Nacional y la participación en la construcción de obras de infraestructura y otros negocios.

Algunas fueron propuestas de inversión gruesas, como una zona económica especial, la primera fuera de China. Se trataba de una megainversión que comprendía Puntarenas, San Carlos y Limón, y no se limitaba a traer empresas, sino también a formar capital humano.

Una obra compleja por iniciarse en esta década y cuya finalización estaba prevista para el 2035, con grandes implicaciones económicas y sociales. No conozco más detalles, solo sé que durante la administración Solís vino una delegación a presentar un anteproyecto y hasta ahí llegaron las cosas.

Refinería y escáneres. El proyecto de Soresco, creado para la construcción de una refinería en el Caribe, fue objeto de conflicto y en este gobierno se resolvió cancelarlo.

Fue un punto de enfriamiento de nuestras relaciones con China, que debido a la confrontación económica entre Estados Unidos y el gigante asiático nos ha llevado a rechazar incluso una donación multimillonaria de escáneres para controlar el tráfico de drogas en productos costarricenses en las aduanas. El hecho ha tenido serías consecuencias para nuestros exportadores.

El enfriamiento llevó a China a acercarse a Panamá, donde ha encontrado receptividad y gran interés en inversiones, tales como un tren de alta velocidad que llegará hasta nuestra frontera. El plan de construir la Ruta de la Seda no va a detenerse, aunque Costa Rica rechace más contacto debido a su desafortunada lealtad hacia Donald Trump.

En el siglo XIX, Juan Rafael Mora supo aprovechar la geopolítica para defender nuestra soberanía frente a los filibusteros, aliándose con Inglaterra y con el magnate Vanderbilt, estadounidense dueño de la Compañía Accesoria del Tránsito, que había sido expropiada por William Walker.

En el XX, José Figueres y Manuel Mora crearon las condiciones, hablando con aliados dentro de las grandes potencias, para poner fin a la injerencia de las potencias en la guerra centroamericana que amenazaba con arrasar también a nuestra patria.

De tal forma, un país pequeño, pero con una política inteligente, apostando por las alianzas con las fuerzas democráticas creó un clima adecuado para el plan de paz.

Ayuda a regiones deprimidas. Hoy, frente a la amenaza del narcotráfico, además de legalizar la marihuana como lo ha hecho una veintena de Estados en la gran potencia del norte y promover los encadenamientos territoriales, es preciso aprovechar los intereses de comercio chinos que contribuyan al desarrollo de las regiones más deprimidas.

Debemos pensar en Costa Rica primero, nuestra amistad con el pueblo de los Estados Unidos y los demás del continente está más allá de la línea aislacionista de Trump. Vamos a contribuir a la estabilidad del continente si garantizamos la paz interna y el desarrollo sano del tejido social.

Las autoridades deben dar una explicación de las razones por las cuales se congeló la zona económica especial china en Limón, Puntarenas y San Carlos, y se rechazaron los escáneres que controlan el tráfico de drogas.

El autor es sociólogo.

Nota de la editora: el resumen de la nota fue cambiado a las 10:20 a. m. del jueves 14 de noviembre del 2019.