Columnistas

Nicaragua: la falacia de la soberanía

Si la soberanía de Nicaragua está herida de muerte, es por algo muy diferente a la injerencia extranjera: el Tratado del Gran Canal Interoceánico, firmado en junio del 2013, que entrega por cien años el país, de manera gratuita, al aventurero chino Wang Ying.

Sergio Ramírez
Sergio Ramírez

El régimen de Daniel Ortega ha rechazado de manera tajante, y haciendo uso de la vieja retórica antiimperialista, la creación del grupo de trabajo integrado por 12 países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), presidido por Canadá, para “contribuir a la búsqueda de soluciones pacíficas y sostenibles a la situación que se registra en Nicaragua”.

El canciller nicaragüense ha recordado, como no se oía desde hace mucho tiempo, que la OEA no es más que “el Ministerio de Colonias de Washington”, no en balde su sede está situada entre la Casa Blanca y el Departamento de Estado, y ha dicho que “los integrantes de esa comisión que conforma y dirige Estados Unidos en el afán de seguir interviniendo en los asuntos internos de Nicaragua desde la OEA no son bienvenidos” y, por lo tanto, “no serán recibidos” en suelo nicaragüense.

La guerra civil que a lo largo de los años ochenta enfrentó a los sandinistas con los contras terminó gracias a las gestiones de paz del presidente de Costa Rica Óscar Arias

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