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Mitos sobre la educación técnica

La educación técnica no debiera ser vista como un plan alternativo, sino como una opción atractiva que mejora las posibilidades de emplearse en la formalidad

Andrés Fernández Arauz es economista en jefe del Consejo de Promoción de la Competitividad. Licenciado en Economía y máster en Estadística por la Universidad de Costa Rica, posee una maestría en  Data, Economics and Development Policy del MIT, es profesor del Posgrado de Estadística de la Universidad de Costa Rica, ha realizado diversas investigaciones sobre pobreza, desigualdad económica, educación, mercados laborales y competitividad, entre otros. Sus contribuciones académicas se han publicado en revistas nacionales e internacionales y obtuvo el reconocimiento de la Universidad de Oxford a la Investigación de excelencia en la lucha contra la pobreza.
Columnista de La Nación

Que la educación vocacional es para quienes no desean ir a la universidad, que está dirigida a las personas que no son tan buenas para el estudio académico o que sirve para garantizar un “machete” para trabajar son algunas de las frases que, aún hoy, resuenan en el imaginario colectivo de los costarricenses.

La evidencia empírica ha demostrado las ventajas de la educación y formación técnica profesional (EFTP), pero aún prevalecen mitos que podrían estar impidiendo una mayor incorporación de personas al sistema de educación técnica.

Una investigación publicada a finales del año anterior por el Estado de la Región Centroamericana trató esta temática, y en el caso de Costa Rica ofrece la posibilidad de conocer, con números, qué tan arraigados se encuentran estos mitos en la sociedad costarricense.

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