Columnistas

Los partidos como especies políticas

Pedir votos no consiste, simplemente, en disfrazarse de capitán o almirante

(Shutterstock)

Recorrer las poco profundas aguas de nuestra política electoral implica, hoy, toparse con objetos y especímenes —o partidos y candidatos— de muy diversa índole. Algunos son como plásticos de un solo uso, que tras cumplir cierta función ya solo contaminan. Otros navegan en barcas chamuscadas, o aún no probadas y de dimensiones imprecisas, pero acumulan horas de mar, revisan hojas de ruta o cuentan con tripulación para dirigir el barco que se llama Costa Rica. Entre estos dos extremos, la diversidad de criaturas flotantes supera a las que Ulises se topó de regreso a Ítaca.

¿Cómo identificarlas y examinarlas para decidir a cuál seguir? Son muchos los referentes posibles. De aquí a febrero espero comentar varios. Hoy comienzo la tarea con un preliminar (y riesgoso) intento: clasificar los partidos en siete categorías y dos grandes grupos. Van a continuación.

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