Columnistas

Lección de la rosa

Asma no perdió la vergüenza: cuando contrajo matrimonio, su esposo ya había sido elevado, fraudulentamente, a la presidencia como sucesor de su padre

Armando González, director de La Nación y columnista, abogado y periodista con estudios en la Universidad de Columbia.
Armando González. José Cordero
Asma al Asad junto a Bashar al Asad, vestidos de manera formal, mientras participan en un evento público en Siria en 2017.
Asma al Asad, esposa de Bashar al Asad, en el 2017. Foto: Archivo.

Asma al Asad es una mujer extraordinariamente bella. Nacida y criada en Londres, conoce los secretos de la alta costura europea y nunca careció de los recursos necesarios para aprovechar ese conocimiento. Trabajó en el sector financiero después de graduarse del King’s College de Londres, con títulos en Informática y Literatura Francesa.

Vivió una vida de privilegio y se convirtió en la cara “amable” de la dictadura Siria. Cierta prensa occidental complaciente depositó en ella esperanzas de reforma y le atribuyó una supuesta preocupación por los derechos de las mujeres. A la prestigiosa revista de modas Vogue no le tembló el pulso para llamarla “una rosa en el desierto”. El reportaje describía a los Asad como una familia democrática, dedicada al hogar y aficionada a vacacionar en Europa.

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