Columnistas

Las palabras que preparan la caída de una democracia

La presidenta Fernández convirtió a jueces de la República en presuntos enemigos del país y colocó sobre ellos una palabra que remite a la usurpación del poder y a la destrucción de las instituciones

Violencia verbal, palabras como misiles, proyectiles. Mujer de espaldas sujetando megáfono, hablando a través de él, pero lo que se dice sale disparado como armas
Violencia verbal, palabras como misiles, proyectiles. Mujer de espaldas sujetando megáfono, hablando a través de él, pero lo que se dice sale disparado como armas Imagen generada con IA
Violencia verbal, palabras como misiles, proyectiles. Mujer de espaldas sujetando megáfono, hablando a través de él, pero lo que se dice sale disparado como armas
La violencia verbal reduce inhibiciones, fabrica enemigos, distribuye culpas, legitima hostilidades y amplía el campo de lo que una sociedad está dispuesta a tolerar. (Imagen generada con IA /Inteligencia artificial)

Las democracias no comienzan a caer el día en que se clausura un tribunal, se persigue a un periodista o se desconoce una elección. Para entonces, algo más profundo ya ocurrió: esas acciones dejaron de parecer inconcebibles. Alguien les puso otro nombre, revistiéndolas de necesidad, y con eso ya convenció a una parte de la sociedad de que no constituyen una agresión contra la democracia, sino su salvación.

La erosión democrática suele arrancar mucho antes que los hechos. Comienza en las palabras.

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