Columnistas

Las elecciones del 4 de febrero

Si hoy somos uno de los países más desarrollados de América Latina, es por causa de decisiones políticas que hemos tomado.

Óscar Arias
Óscar Arias

El próximo domingo 4 de febrero celebramos, una vez más, elecciones nacionales. Nuestro sistema electoral es uno de los mayores privilegios de los que disfrutamos los costarricenses. Menos de la mitad de toda la humanidad vive en regímenes que se consideran plenamente libres. Costa Rica, en cambio, se ubica entre los primeros 25 lugares del mundo por su respeto a los derechos políticos y a las libertades civiles, según el índice de Freedom House.

Esto no se logra de la noche a la mañana: es el fruto de décadas de fortalecimiento de las instituciones, en particular del Tribunal Supremo de Elecciones, un pilar de nuestra estabilidad democrática. Más allá del candidato o el partido de nuestra preferencia, tenemos la tranquilidad de saber que el proceso electoral es absolutamente confiable y seguro, y que la voluntad expresada en las urnas es el mandato sagrado que rige nuestro destino como país.

Pero no hay que dar por sentadas las bendiciones. Aunque nuestra democracia es fuerte, dista mucho de ser inquebrantable. En todo momento y en cada encrucijada, hay que defender la opción democrática.

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