Cuando hablamos de inteligencia artificial (IA), generalmente pensamos en empresas tecnológicas, profesionales altamente calificados y grandes transformaciones del mercado laboral. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos cómo esta revolución tecnológica podría mejorar las condiciones de vida de quienes trabajan en la economía informal. Para Costa Rica, esta pregunta resulta particularmente importante.
Según la Encuesta Continua de Empleo del INEC correspondiente al trimestre junio-agosto de 2026, aproximadamente 790.000 personas trabajan en condiciones de informalidad, de las cuales 434.000 son trabajadores independientes y 356.000, asalariados o auxiliares familiares. Es decir, más de uno de cada tres trabajadores costarricenses enfrenta condiciones laborales frecuentemente caracterizadas por bajos ingresos, elevada vulnerabilidad y limitada protección social.
¿Podría la inteligencia artificial contribuir a transformar esta realidad?
Una experiencia internacional que merece atención
En setiembre de 2026, Anthony Tan, fundador y director ejecutivo de Grab, publicó en la revista Finance & Development, del Fondo Monetario Internacional, un artículo titulado “AI and the Informal Economy”.
Grab es una empresa privada de tecnología que opera plataformas digitales de transporte, entregas y servicios financieros en varios países del sudeste asiático. Su experiencia demuestra cómo la innovación empresarial, complementada mediante colaboraciones con instituciones públicas, puede mejorar las oportunidades económicas de millones de trabajadores.
Mediante herramientas de IA, pequeños comerciantes y trabajadores independientes pueden mejorar sus ventas, identificar oportunidades comerciales y acceder a financiamiento utilizando información sobre sus transacciones.
Según Tan, durante el último año, Grab otorgó US$3.200 millones en préstamos a conductores y comerciantes asociados. Un 68% de los beneficiarios obtuvo acceso al crédito formal por primera vez mediante esta plataforma.
Además, uno de cada cuatro pequeños negocios participantes utiliza asistentes de IA para mejorar sus operaciones, comercialización y administración, con incrementos reportados del 15% en sus ventas.
La lección es importante: la IA no debe ser una tecnología reservada para las grandes o medianas empresas y los trabajadores más calificados. También puede convertirse en un instrumento de inclusión productiva y financiera.
¿Qué estamos haciendo en Costa Rica?
Nuestro país cuenta con iniciativas que podrían servir como punto de partida.
El Micitt y el INA han impulsado programas como disruptIA, orientados a facilitar la adopción de inteligencia artificial en pequeñas empresas y emprendimientos.
Otra experiencia interesante es Inn.pulso X, iniciativa impulsada conjuntamente por el Micitt y el INA, e implementada por la Fundación Aliarse. Este programa ofrece capacitación y acompañamiento empresarial a mujeres emprendedoras, incorporando herramientas digitales e inteligencia artificial.
Estas iniciativas son valiosas, pero todavía existe una oportunidad para desarrollar programas específicamente diseñados para trabajadores informales, considerando sus limitaciones de tiempo, educación, financiamiento y acceso a tecnologías.
Se requieren soluciones sencillas, de bajo costo y accesibles mediante teléfonos inteligentes, acompañadas de capacitación práctica.
Dos iniciativas que podríamos impulsar
Primera: Asistentes de inteligencia artificial para microemprendedores informales.
Imaginemos a una vendedora de comidas en Cartago, un pequeño agricultor en Pérez Zeledón o una persona dedicada a reparaciones domésticas en Puntarenas.
Mediante una aplicación sencilla, accesible por teléfono celular, podrían utilizar asistentes de IA para calcular costos y precios, administrar inventarios, identificar clientes potenciales, promover productos en redes sociales y mejorar sus decisiones comerciales.
Un pequeño comerciante podría recibir recomendaciones sobre qué productos vender, cuánto comprar y cómo evitar pérdidas. Un trabajador independiente podría identificar nuevas oportunidades de servicios y mejorar su relación con los clientes.
El INA, el Sistema de Banca para el Desarrollo (SBD), las universidades y las empresas tecnológicas podrían desarrollar conjuntamente un programa nacional de capacitación y asistencia empresarial basado en IA.
El objetivo sería concreto: aumentar la productividad, las ventas y los ingresos de los trabajadores informales, facilitando progresivamente su incorporación a la economía formal.
Segunda: Inteligencia artificial para facilitar el acceso al crédito y a los seguros.
Uno de los mayores obstáculos que enfrentan los trabajadores informales es la ausencia de registros financieros tradicionales que permitan demostrar su capacidad de pago.
La experiencia asiática muestra que las plataformas digitales pueden utilizar información sobre ventas, ingresos y transacciones para evaluar mejor las posibilidades de financiamiento.
En Costa Rica, el SBD, las entidades financieras y las empresas tecnológicas podrían explorar mecanismos similares, mediante sistemas voluntarios que utilicen información digital para ofrecer microcréditos adaptados a ingresos variables, con las debidas garantías de privacidad y protección al consumidor.
Pero existe una oportunidad adicional: desarrollar seguros que protejan los ingresos de los trabajadores informales frente a enfermedades, accidentes o interrupciones involuntarias de su actividad económica.
La experiencia de Malasia merece atención. Su Ley de Trabajadores de Plataformas y Encargos (Gig Workers Act 2025), vigente desde marzo de 2026, establece mecanismos de protección social para estos trabajadores, incluyendo contribuciones vinculadas a sus ingresos, derechos de asociación y mecanismos de resolución de conflictos. Su innovación consiste en ampliar la protección sin exigir necesariamente que los trabajadores sean reclasificados como empleados tradicionales.
Costa Rica podría estudiar esquemas semejantes, aprovechando la institucionalidad de la CCSS y del INS, procurando que la protección acompañe al trabajador cuando cambia de actividad o utiliza diferentes plataformas.
No se trataría de sustituir los seguros sociales existentes, sino de complementarlos y facilitar el acceso progresivo a ellos.
De las iniciativas aisladas a una estrategia nacional
Estas propuestas requieren algo más que tecnología: necesitan coordinación institucional.
Costa Rica cuenta con una base legal que podría facilitar este esfuerzo. La Ley N.º 10512 de 2024, Incentivos para la Formalización y el Desarrollo de las Mypymes en Costa Rica, introdujo mecanismos para simplificar la tributación y facilitar el acceso a la seguridad social de determinados emprendedores y microempresarios.
Entre ellos, destaca un régimen especial de contribución a la CCSS, previsto por cinco años y sujeto a requisitos específicos, así como la posibilidad de reducir las primas de riesgos del trabajo. Esta legislación ofrece una oportunidad para vincular la capacitación tecnológica y el financiamiento con incentivos concretos para la formalización.
Además, la legislación del INA y del SBD permite apoyar a emprendedores y unidades productivas que todavía no han alcanzado plena formalización. Sin embargo, los requisitos administrativos y financieros pueden limitar su acceso efectivo. Conviene revisar estas barreras y determinar qué ajustes reglamentarios o legales permitirían ampliar la cobertura.
El Micitt, el MTSS, el MEIC, el INA, el SBD, la CCSS y el INS, junto con universidades, empresas tecnológicas, entidades financieras y organizaciones de trabajadores, podrían impulsar programas piloto, evaluando sus resultados sobre productividad, ingresos, financiamiento, protección social y formalización.
Costa Rica tiene una oportunidad para vincular tres objetivos fundamentales: transformación digital, inclusión productiva y protección social.
No deberíamos esperar a que cientos de miles de trabajadores informales ingresen a la formalidad para ofrecerles oportunidades de progreso. Podemos utilizar la inteligencia artificial para mejorar sus condiciones económicas desde ahora y, precisamente por esa vía, facilitar su transición hacia empleos y emprendimientos más productivos, seguros y formales.
Una revolución tecnológica verdaderamente inclusiva será aquella cuyos beneficios también lleguen a quienes históricamente han permanecido al margen de las oportunidades del desarrollo.
rmonge@academiaca.or.cr
Ricardo Monge González es presidente de la Academia de Centroamérica.