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La encrucijada del gobierno con las concesiones

Dejar todo para última hora, como sucedió con la inspección vehicular, no es una alternativa

Luis Mesalles, opinión
Luis Mesalles, opinión

El país atraviesa una encrucijada en cuanto a las concesiones existentes. Hay tres de ellas que vencen en el corto plazo, que habría que ver si se renuevan o si se adjudican a un nuevo operador. Esto en el marco de una enorme necesidad de mejorar y ampliar los servicios que brindan.

Una alternativa es hacer una licitación abierta para escoger un nuevo concesionario que se encargue del servicio cuando termine el contrato actual. Esta tiene la desventaja de que pospondría cualquier inversión en materia de ampliación hasta el inicio del nuevo contrato. Me parece que el país no se puede dar el lujo de esperar mucho tiempo para ver ampliados Caldera, la 27 y el aeropuerto.

Negociar con el actual concesionario, para que este haga la inversión en la ampliación de la infraestructura, a cambio de alargar el plazo de la concesión, es otra alternativa. Esto permitiría empezar las obras en relativamente poco tiempo. Pero, a cambio, el gobierno entraría en desventaja a negociar el nuevo contrato. El concesionario, al no tener una amenaza de perder la concesión, podría exigir condiciones muy favorables para sí mismo.

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