Columnistas

La democracia necesita partidos sólidos

Las agrupaciones fuertes evitan la fragmentación, aseguran la gobernabilidad y representan a la ciudadanía

Fotografía de Abril Gordienko, activista cívica y columnista de La Nación.
Abril Gordienko.

La esencia de un partido político es conquistar el poder o participar en su ejercicio desde algún espacio. En buena teoría democrática, los partidos son herramientas fundamentales de transformación social, ya que recogen y consolidan la voluntad de los ciudadanos, canalizando sus intereses para concretarlos en políticas públicas.

Funcionan como articuladores entre la sociedad y el Estado, y para ello gozan del monopolio de postular candidaturas a los cargos de elección popular.

La utilidad, la relevancia social y la legitimidad de los partidos dependen en gran medida de su robustez y estabilidad. Requieren una estructura interna activa que se renueve periódicamente, conformada por ciudadanos comprometidos con la respectiva propuesta ideológico-programática; además, deben tener arraigo popular, es decir, contar con bases mínimas de apoyo entre segmentos significativos de la población.

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