Columnistas

Integración de los excluidos al desarrollo

Nuestras instituciones han sido configuradas para resolver desde ‘arriba’, para procurar, ante todo, clientelas agradecidas

Miguel Sobrado, opinión
Miguel Sobrado, opinión

Existe consenso en que todo el sistema educativo y de capacitación profesional debe adecuarse a las transformaciones tecnológicas y los avances profesionales en la enseñanza y aprendizaje para responder a un desarrollo actualizado y sostenible.

La tarea es urgente y estratégica; sin embargo, no debe hacernos perder de vista que la mayor parte de la población económicamente activa, especialmente la rezagada, no posee una formación básica adecuada. Muchos no son jóvenes y tienen obligaciones familiares que les impiden regresar al sistema educativo.

No es posible pensar en un desarrollo inclusivo sin incorporar a esta población rezagada. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Será posible que los excluidos, que deberían ser sujetos de promoción institucional, se transformen en miembros activos de sus propios programas y proyectos? Es más, ¿que al participar en la elaboración de los proyectos actúen con más eficiencia y menor costo que los promovidos «desde arriba» por las instituciones? Aclaro que no me refiero a quienes por haber perdido sus capacidades de forma temporal o permanente requieren asistencia y solidaridad, sino a quienes precisan oportunidades y capacitación para salir adelante.

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