Jaime Daremblum. 9 octubre, 2018

El pueblo brasileño fue a las urnas este domingo para escoger presidente de la nación y otorgarle un mandato urgente para restaurar el orden, limpiar la corruptela de la administración, depurar las finanzas públicas y renovar el brillo que el país exige y merece en el ámbito internacional.

La ronda final será el domingo 28 de octubre, brindando a ambos candidatos un espacio para preparar el embiste mortal ese día

Dos candidatos principales se lanzaron a la palestra para ganar la presidencia en la primera ronda: el excapitán del Ejército y empresario Jair Bolsonaro, abanderado de la derecha radical y prontamente identificado por el pueblo como “el Trump de los trópicos”. Su profesión por el servicio público se inspira en una mano dura de raigambre militar como existió de 1964 a 1985. Una viñeta de su visión presidencial es la carnicería extrajudicial de criminales. Sus adversarios lo menosprecian llamándolo fascista.

Su contrincante de la izquierda, escogido por Lula tras las rejas, es Fernando Haddad, antiguo ministro de Lula, exalcalde de São Paulo, propulsor de una agenda de gobierno extraída del programa del Partido de los Trabajadores y catalogado por los contrarios como alcahuete de la corrupción en grande. Desde luego, hay una romería de aspirantes que invocan a los espíritus ante la ventana carcelaria de Lula.

Los resultados electorales del domingo legaron estos dos finalistas, aunque Bolsonaro arribó a la meta claramente a la cabeza por holgado margen, pero no el suficiente para ganar en la primera vuelta. La ventaja de Bolsonaro puso a pensar a los espiritistas políticos en su largo historial de ofensas públicas contra mujeres, gais y afrodescendientes. En los sufragios del domingo, sin embargo, fue avalado por alrededor de 50 millones de votantes para alcanzar un 47 %, apenas 3 puntos menos del necesario 50 % para evitar una segunda vuelta. En contraste, Haddad a duras penas nadó al 28 %.

La ronda final será el domingo 28 de octubre, brindando a ambos candidatos un espacio para preparar el embiste mortal ese día. Parte crucial del esfuerzo será atraer a los partidos “Mafalda”, con puntajes más reducidos. Bolsonaro ya consiguió el respaldo de los centristas, desplazamientos que mejoran los augurios para el 28 de octubre.

Algunas publicaciones apuntan que los comicios de primera vuelta tendieron una gruesa manta conservadora sobre Brasil. Quizás así fue, pero de lo que no cabe duda es de la transparencia del torneo.