Columnistas

'Frankenstein', religión y derechos humanos

Frankenstein tiene mucho más que decir sobre el porvenir de la humanidad y de sus derechos futuros, que quienes mezclan política y religión para crear monstruos.

Víctor Frankenstein, el célebre personaje de la novela homónima que Mary Shelley (1797-1851) publicó en 1818, explicó que, impulsado por los adelantos de las ciencias y de la mecánica, se propuso “la creación de un ser humano”, proyecto que, de tener éxito, lo convertiría en el hacedor de una nueva especie de “seres felices y maravillosos”.

Casi medio siglo antes de la publicación de Frankenstein, la Declaración de Independencia de Estados Unidos (1776) afirmaba “que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Poco después, los revolucionarios franceses, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789), sostenían que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales solo pueden fundarse en la utilidad común”.

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