Columnistas

El retorno de la brutalidad masculina

Junto con la humillación, aprendimos el silencio y la parálisis; la inutilidad de la denuncia y el fracaso de la defensa

Machismo, brutalidad masculina, agresión, gritos y acoso masculino. Sombra de hombre gritándole a mujer, quien dice basta con la mano
Machismo, brutalidad masculina, agresión, gritos y acoso masculino. Sombra de hombre gritándole a mujer, quien dice basta con la mano Shutterstock
Machismo, brutalidad masculina, agresión, gritos y acoso masculino. Sombra de hombre gritándole a mujer, quien dice basta con la mano
Al menos algo ha cambiado muchísimo: ahora, casi todas nosotras sabemos devolver el golpe. (Shutterstock/Ilustración)

Igual que yo, muchas de ustedes que me leen crecieron rodeadas de gestos brutales por parte de hombres de la familia, del vecindario, de la escuela, del centro médico o de la iglesia. Junto con la humillación, aprendimos el silencio y la parálisis; la inutilidad de la denuncia y el fracaso de la defensa.

Con el paso del tiempo y la lucha de las feministas, de quienes heredamos libertades y derechos, los hombres capaces de hacernos cosas horrendas fueron retrocediendo; tal vez no por empatía o conciencia. Tal vez debido al miedo frente a la censura cultural de lo que hacían o a alguna que otra ley que amenazaba con castigarlos. No sé, pero lo fueron haciendo; se fueron reprimiendo un poco.

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