El pueblo reaccionó tarde. El alcalde, Juan Bosco Acevedo, como presidente del comité local de emergencias, prefirió no alarmar a la población con el tema del huracán, lo que hizo que el fenómeno encontrara, literalmente, durmiendo a los pobladores de Upala.
(Video) Alcalde de Upala conocía amenazas de inundación y no activó mecanismos de prevención por Huracán Otto
“Quiero serle muy claro; yo grabé, me grabaron un video donde le solicito a la gente que haga la evacuación porque si uno habla antes de tiempo, si uno alarma, la gente se alarma, y si no pasa algo, la gente lo culpa a uno por alarmar”, dijo el alcalde en entrevista con este diario, dos semanas después del impacto de Otto.
La falta de aviso y de toma de medidas preventivas agravó los efectos del huracán.
Esa noche, seis vecinos de Upala morirían en sus casas arrastrados por una corriente de lodo y piedras. Se trata de Juana Guerrero, Vianca Pichardo, Dylan Chévez, Israel Zúñiga, María Isabel Picado y Kathya Argüello.
Los habitantes se quejan de que no hubo llamados de alerta a tiempo, que solo se dieron algunos avisos por perifoneo, pero que no se dio a entender nunca la magnitud de la situación.
Ningún vecino de alameda reportó la llegada de personeros del Comité Local de Emergencias en las horas previas al impacto, a nadie se le dijo que el golpe del huracán podría ser tan grande como para arrasar casas y gente.
“Aquí no hubo alerta de nada; solo se supo que venía el huracán, y la gente se refugió en sus casas. Pasó el viento, como diez o veinte minutos, y cuando nos dimos cuenta es que se empezó a salir el agua del río, se vino la empalizada, y la gente comenzó a correr, a salir de las casas, a subir a los niños a los techos y todo se perdió”, recordó Josué González, un comerciante upaleño.
Mientras continúan las labores de limpieza y reconstrucción, los habitantes de Upala mantienen la duda de lo que habría pasado si les hubiesen alertado a tiempo, si les hubiesen dicho que pusieran sus cosas a resguardo, si se hubiesen activado los comités locales de emergencia.
“En cosa de segundos nos trepó el agua por aquí, mire (señala el pecho). Esta silla flotando, la refrigeradora flotando. Mire para allá: esa puerta, en un tiro la empujó la correntada y se vino la chiflonada, se metió un montón de palos, y me decía mi hijo: ‘Papi, abramos el zinc para salir de aquí’”, dijo Narciso Fernández, vecino de Calle Real de Upala.