Telescopio de NASA cayó a la Tierra tras 22 años de investigar las mayores explosiones del universo
Observatorio Neil Gehrels Swift cayó sobre región de Indonesia tras detectar 2.000 estallidos de rayos gamma y brindar datos para 7.000 publicaciones científicas
Fotografía, facilitada por la NASA, del 31 de julio de 2004, del telescopio espacial Swift mientras es desembalada en el Hangar AE de la Estación de la Fuerza Aérea de Cabo Cañaveral, en el Centro Espacial Kennedy, Florida. HANDOUT
Uno de los principales telescopios espaciales de la NASA reingresó a la atmósfera terrestre ayer miércoles 4 de noviembre, casi 22 años después de su lanzamiento, en una caída que culminó su misión de investigar algunas de las explosiones más poderosas del universo.
Se trata del observatorio Neil Gehrels Swift, una instalación espacial diseñada para detectar y estudiar los llamados estallidos de rayos gamma, fenómenos cósmicos en extremo energéticos que liberan enormes cantidades de radiación en períodos muy breves.
La Fuerza Espacial de Estados Unidos, según la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), confirmó que el telescopio reingresó a la atmósfera a las 7:39 a.m., hora del este estadounidense, sobre la región de Sumatra del Norte, en Indonesia.
La NASA esperaba que la mayor parte de la estructura se desintegrara por el calor generado durante el descenso a través de la atmósfera, aunque advirtió que algunos componentes podrían sobrevivir a la reentrada.
El observatorio fue lanzado el 20 de noviembre de 2004 y comenzó sus operaciones científicas el mes siguiente. Su misión principal estaba prevista para apenas dos años, pero continuó trabajando durante más de dos décadas.
En ese período, Swift detectó más de 2.000 estallidos de rayos gamma, estudió más de 1.400 explosiones de supernovas y observó fenómenos como estrellas desgarradas por agujeros negros, galaxias activas alimentadas por agujeros negros supermasivos y llamaradas de rayos X procedentes de estrellas.
También investigó asteroides y cometas, incluidos objetos de nuestro propio sistema solar, y realizó un estudio del cielo completo en rayos X.
Los datos recopilados por el observatorio contribuyeron a aproximadamente 7.000 publicaciones científicas, según detalló NASA en un sitio especial dedicado a la misión.
Esta representación artística ilustra un evento de disrupción de marea, captado por Swift, que ocurre cuando una estrella pasa peligrosamente cerca de un agujero negro supermasivo. Los fragmentos de la estrella, al desintegrarse, se calientan mientras giran en torno al agujero negro, generando un resplandor que los astrónomos pueden observar desde el otro extremo del cosmos; simultáneamente, el agujero negro lanza un chorro relativista al espacio. (NASA/Cortesía)
Por qué dejó de funcionar
El final de la misión científica sobrevino incluso antes de la caída de ayer miércoles. Swift realizó su última observación el 20 de octubre pasado, cuando su órbita ya había descendido a menos de 275 kilómetros sobre la superficie terrestre.
A esa altura, el aumento del arrastre atmosférico impedía que los telescopios mantuvieran una orientación estable hacia sus objetivos astronómicos.
La NASA explicó que todos los satélites en órbitas terrestres bajas experimentan resistencia atmosférica, un fenómeno que reduce gradualmente su altura.
En el caso de Swift, el efecto se intensificó por el reciente aumento de la actividad solar, que incrementó el arrastre sobre la nave y aceleró su descenso.
La agencia espacial había intentado evaluar una misión de servicio para elevar nuevamente la órbita del observatorio. Sin embargo, esa iniciativa, concebida como una operación de alto riesgo y ejecución rápida, terminó en agosto sin que se realizara una maniobra para impulsar el satélite.
Cuando fue lanzado, Swift constituyó un observatorio pionero por su capacidad para estudiar el universo en diferentes longitudes de onda y reaccionar rápidamente ante fenómenos astronómicos de corta duración.
Su diseño combinaba tres telescopios que le permitían detectar los estallidos de rayos gamma, determinar su ubicación y orientar sus instrumentos hacia el punto de origen para observar los rastros de radiación que permanecían después de la explosión.
La rapidez era fundamental porque estos fenómenos podían desaparecer antes de que otros telescopios lograran apuntar hacia ellos.
En el año 2018, la NASA cambió el nombre de la misión para homenajear a Neil Gehrels, su primer investigador principal, quien falleció en 2017.