El abogado del salvadoreño, Simón Sandoval-Moshenberg, criticó que Estados Unidos quiera enviar a su cliente “a Liberia, un país con el que no tiene ninguna conexión, a miles de kilómetros de su familia y su hogar”.
“Costa Rica está dispuesta a aceptarlo como refugiado (...) sin embargo, el gobierno ha elegido un camino calculado para infligirle el máximo sufrimiento”, agregó Sandoval-Moshenberg en un comunicado.
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El caso de Ábrego García se ha convertido en un símbolo para quienes se oponen a la política de deportaciones masivas de inmigrantes de Trump sin darles el debido proceso.
El hombre fue deportado erróneamente a El Salvador en marzo pasado y devuelto a Estados Unidos en junio. En agosto fue detenido nuevamente por agentes de ICE en Baltimore.
Liberia fue fundado en 1822 bajo patrocinio de Estados Unidos, como destino para los esclavos negros liberados en el país norteamericano.
En un comunicado de la presidencia liberiana en Facebook fechado el viernes y consultado el sábado por la AFP, la oficina afirmó que decidió recibir Ábrego García “por una razón estrictamente humanitaria y temporal tras un pedido oficial del gobierno de Estados Unidos”.
La presidencia agregó que lo recibirá en un proceso “en estrecha coordinación con las autoridades liberianas competentes en materia de seguridad, immigración y justicia, y con los socios internacionales (para) garantizar las normas más elevadas de seguridad, transparencia y tratamiento humano”.
Liberia garantizó, además, que Ábrego García “no será reenviado a ningún otro país donde pueda correr riesgo de persecución, tortura u otros perjuicios”. Según los documentos judiciales estadounidenses, Ábrego García podría ser expulsado a Liberia a más tardar el 31 de octubre.
El gobierno norteamericano lo acusa de ser un violento pandillero de la MS-13 involucrado en tráfico de personas, pero el salvadoreño niega haber cometido cualquier delito. En agosto, un juez federal bloqueó otro intento de deportar a Ábrego García, casado con una mujer estadounidense, a Uganda.