Interés Humano

Mineros bolivianos ofrecen en rituales corazones de llamas que aún laten

El rito se cumple en febrero o principios de marzo, el día antes del desfile de carnaval, algunos temen que El Tío se vengue si no lo realizan

Miners prepare a llama �Wilancha� (sacrifice of animals) ceremony to thank the �Pachamama� (Mother Earth), at the entrance of the Hitos tin mine in the outskirts of Oruro, Bolivia, on February 25, 2022. (Photo by AIZAR RALDES / AFP)
Miners prepare a llama �Wilancha� (sacrifice of animals) ceremony to thank the �Pachamama� (Mother Earth), at the entrance of the Hitos tin mine in the outskirts of Oruro, Bolivia, on February 25, 2022. (Photo by AIZAR RALDES / AFP) AIZAR RALDES

Apenas hay luz y el aire es espeso. Un hombre afila dos cuchillos en una gran galería junto a la mesa llena de ofrendas: vino, cerveza, coca. Y llamas blancas. Su sangre y sus corazones son el alimento preferido de El Tío, dicen los mineros de los Andes de Bolivia. Así se llama el dios que gobierna el inframundo de las minas del altiplano.

El Tío tiene cuernos, una enorme sonrisa y, casi siempre, un cigarro encendido en la boca. De color cobrizo, tiene el ceño fruncido y orejas puntiagudas. Su figura, similar al diablo cristiano, está en toda mina, donde se lo rodea de botellas y hojas de coca que los mineros mascan como estimulante para resistir largas horas de trabajo y encierro.

“¡Lo haremos con fe!”. La voz del presidente de la cooperativa minera Nueva San José retumba dentro del socavón. Espera que la ofrenda provea más plata, estaño y zinc en el cerro que explotan desde hace 20 años a las afueras de la ciudad de Oruro, en el oeste de Bolivia.

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