El incidente se suma a una serie de interrupciones que han marcado el 2026.
Desde enero, Cuba ha registrado cinco apagones de alcance nacional, tres de ellos durante julio y en un período inferior a diez días. Desde finales de 2024, los cortes masivos ascienden a diez.
La crisis eléctrica responde a una combinación de factores, entre ellos el deterioro de la infraestructura de generación, la falta de combustible y las recurrentes averías en las siete centrales termoeléctricas que sostienen el sistema, muchas de las cuales superan los 40 años de funcionamiento.
Los apagones también afectan la vida cotidiana de la población. En las últimas semanas, residentes de La Habana han soportado interrupciones del servicio que superan las 30 horas consecutivas, mientras que en otras zonas del país los cortes pueden extenderse durante varios días.
El gobierno cubano atribuye el deterioro del sistema eléctrico al endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos y a las restricciones para importar combustible, mientras que Washington sostiene que la crisis obedece principalmente a problemas de gestión económica interna.
Según las autoridades cubanas, las limitaciones en el suministro de petróleo han impedido operar con normalidad tanto las plantas termoeléctricas como los generadores de respaldo que funcionan con diésel importado.
En medio de este escenario, el gobierno anunció esta semana una mayor apertura al sector privado como parte de un paquete de 176 medidas económicas aprobadas en junio.
Entre las disposiciones figura la participación de actores privados en actividades como la comercialización de combustibles; la operación de gasolineras y farmacias; y la realización de proyectos de energías renovables.
El primer ministro, Manuel Marrero, informó que 110 de esas medidas ya están en ejecución y que el resto comenzará a implementarse en septiembre.
También indicó que más de un centenar de actores no estatales recibieron autorización para comercializar combustible al por mayor y que se aprobó la primera inversión extranjera para importar, distribuir y vender combustibles en la isla.
De acuerdo con el gobierno cubano, durante los últimos siete meses únicamente pudo ingresar al país un buque ruso con 100.000 toneladas de crudo, situación que, asegura, ha profundizado la escasez de combustible y la crisis del sistema eléctrico.