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Las flores ahuyentan espantos

Donde antes hubo enfermos y prisioneros, HAY FLORES Y COLOR. El viejo Sanatorio Durán, en Cartago, se remoza y busca dejar atrás las historias de sustos y aparecidos.

A los pies del edificio donde alguna vez vivieron cientos de enfermos de tuberculosis y menores de edad delincuentes, crecen frondosos los agapantos.

No muy lejos de ahí, por el pasillo que comunica la antigua capilla del Sanatorio con lo que antes fueron los salones para hospitalizar a los tuberculosos más pobres, está el vivero de flores amarillas, anaranjadas, rosado brillante y fucsia. Son las mismas que adornan algunos de los senderos del legendario Sanatorio Durán, en Tierra Blanca de Cartago, camino al volcán Irazú.

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