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Ganadores mezclan buen humor con la ciencia

Antes de compartir el Nobel con Konstantin Novoselov, el profesor Andrei Geim demostró que la ciencia no tiene que ser aburrida al firmar junto a su hámster Tisha un artículo científico sobre la rotación de la Tierra.

Un año antes, en el 2000, este científico obtuvo un premio Ig Nobel, galardones que primero hacen reír y luego pensar, al poner a “levitar” una rana gracias a un poderoso imán. Ya junto a Novoselov, este par de físicos están desarrollando un tipo de cinta sintética y adhesiva que no usa pegamento.

“El humor es uno de sus sellos distintivos, uno siempre aprende algo en el proceso y, quién sabe, puede incluso lograr el premio gordo”, destacó el comité del Nobel en la argumentación del premio.

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