Así va la historia. El 25 de julio de 1014, la batalla de Clidio culminó con tremenda derrota para Bulgaria. Tras años de lucha, Basilio II de Bizancio se impuso y el zar Samuel se tuvo que retirar. Se supone que el emperador bizantino mandó cegar a uno de cada 100 de los 15.000 soldados capturas. Volvieron a casa y, al verlos, dos meses después, Samuel colapsó de un ataque cardiaco. No sabemos más.
Allí entra la ficción. Para el escritor mexicano David Toscana, era una oportunidad para indagar en mucho más que un episodio histórico oscuro y, probablemente, teñido de mitos. Era la humillación de un país por otro (resentimiento vívido todavía), los entresijos de la gran historia que olvidan a quienes la padecen en carne propia, y el propio acto de ver y contar.
De este modo nació El ejército ciego, su novela ganadora del Premio Alfaguara 2026. Antes de su presentación en la Librería Internacional de Escazú, el 29 de octubre, conversamos con él sobre sus inspiraciones y retos al contar esta estremecedora historia.

- ¿Cómo se encontró con este episodio?
-La historia me pareció fascinante cuando la leí en unas pocas líneas de un compendio de historia. Quise saber más. Tenía una curiosidad histórica y quería saber qué ocurrió con ese ejército ciego después de que sus integrantes volvieron a casa.
“No había información al respecto, ni por parte de los historiadores ni en la literatura búlgara. Traté de encontrar si algún búlgaro había escrito sobre esta historia, pero resulta que no.
“Es una historia muy conocida en Bulgaria, forma parte de la historia nacional y se estudia desde la escuela. Hay monumentos a los soldados ciegos y al zar Samuel, pero todos los relatos llegaban exactamente hasta la muerte del zar.
“Cuando vi ese silencio, empezó a surgir la idea de escribir una novela. Si ni la historia ni la literatura habían contado lo que ocurrió después, podía hacerlo un mexicano mil años después de los hechos.
“Empecé a pensar en escribirla y la tuve en la cabeza durante mucho tiempo, sin saber cómo contarla. Hasta que, de pronto, se me ocurrió que no valía la pena narrarla desde un punto de vista realista. Quería contar, más bien, la leyenda de los ciegos. Cuando llegué a esa idea, pude escribirla”.
- ¿No le ‘alcanzaba’ o no le satisfacía el realismo para poder elaborar esta historia desconocida?
- Pues era escribir una tragedia literaria encima de una tragedia histórica. Si uno quiere imaginarlo desde una perspectiva realista, tiene que mostrar la llegada de los ciegos a la capital de Bulgaria y hablar del dolor, del hambre, de la miseria, de la enfermedad y de tantas otras cosas que siento que no vale la pena recrear.
“Eso me hizo comprender por qué los búlgaros nunca habían escrito esta historia. Para ellos, es una realidad, y había que escapar del realismo para poder contarla”.

- Además, estuve leyendo sobre el episodio histórico, cómo se contó. Supongo que pesa mucho el carácter de humillación nacional o patriótica, como queramos llamarlo, aunque resulte un poco anacrónico hablar en esos términos para un hecho ocurrido hace mil años. Imagino que eso también influye en que no se haya contado de otras maneras.
- Sí, es un acontecimiento históricamente muy pesado. En nuestros países también hay heridas de ese tipo. En México tenemos la caída de Tenochtitlan, de la que han pasado 500 años, pero cuya derrota, humillación y herida nacional siguen pesando. Es algo que no termina de permitirnos relacionarnos con España como si fuéramos hermanos, como si viniéramos de ahí, sino que marca una división.
“Para los búlgaros, este episodio también es doloroso, aunque hay ciertas diferencias. España sigue existiendo, pero el Imperio bizantino ya no existe, Constantinopla tampoco y los descendientes de los griegos ya no viven allí. Sin embargo, para los búlgaros sigue siendo, hasta cierto punto, una ofensa que en Grecia se le rindan homenajes a Basilio II y que haya calles con su nombre, incluso con el sobrenombre de ‘Matabúlgaros’.
“Todavía hay algunos roces por este tema. Sin embargo, precisamente la semana pasada se limaron las asperezas, porque Grecia devolvió los restos del zar Samuel a Bulgaria, después de más de mil años de ausencia.
“La semana pasada hubo una celebración en Bulgaria, aunque también tuvo un carácter luctuoso, porque se trataba de dar sepultura a los restos, a los huesos del zar Samuel. Al mismo tiempo, fue motivo de alegría que, después de más de mil años, regresara a casa”.
- Algo que me parece muy estimulante cuando se aborda una ficción inspirada o basada en hechos históricos es todo lo que no hay. Todos los intersticios de lo que no sabemos, quién contó la historia, quién lo registró, qué se perdió. ¿De qué manera lo abordó usted como como escritor, cómo enfrentó esos vacíos, contradicciones, enredos, ausencias?
- El vacío es completo, así que tengo toda la posibilidad de entrar en esa historia, pero debo hacerlo de manera responsable. No puedo inventármelo todo. Tuve que hacer muchísimas lecturas para conocer cómo era ese mundo, cómo era esa época, qué podían decir los personajes y qué podía estar en su imaginación.
“Hay muchos pasajes en los que interviene la religión, con las ideas que se tenían en aquel entonces. Bulgaria todavía era joven en el cristianismo y sus habitantes estaban llenos de dudas, aunque ya tenían un patriarca. Tengo que mostrar todo eso.
“En particular, no sabemos qué pasó con cada uno de los ciegos. Sin embargo, sí conocemos el entorno que los rodea y sabemos que el hijo del zar, Gabriel Radomir, es quien gobierna en ese momento. Tengo que cuidar todos esos detalles para que, al menos, el contexto sea correcto y ninguno de los personajes incurra en anacronismos; es decir, que no piense cosas que no podría pensar ni diga cosas que no podría decir”.

- (En el libro) evita poner una tragedia encima de otra y, en cambio, les da a los personajes una vida más redonda, con la oportunidad de experimentar incluso la alegría en algunos momentos. No se queda únicamente en la tragedia y en un simbolismo tan fuerte. ¿Me puede contar cómo pensó a estos personajes, que tienen que rehacer sus vidas y reconstruir su país?
-Los pensé, en cierto modo, como personajes ficticios, pero también a partir de observar la realidad de las personas que pierden la vista y no quedan derrotadas. Al contrario, tienen un reto por delante y tratan de superarlo lo mejor posible. El caso que tenemos más a mano es el de Borges.
“Por supuesto, hay muchas historias sobre la ceguera. Cualquiera que conozca a una persona que perdió la vista sabe que no queda hundida en la derrota. Hay culturas, países y economías que ofrecen muchas ventajas a las personas ciegas, mientras que otros no tanto.
“En algunos países, las aceras están bien señalizadas y las ciudades son más accesibles, de modo que uno ve a las personas ciegas circular por las calles. En otros lugares, el entorno es demasiado hostil y, por eso, se ven menos.
“La idea era mostrar que estos hombres no estaban derrotados y que cada uno volvería a casa para retomar su vida a partir del oficio que había ejercido antes, aunque tuviera que aprender a desempeñarlo de otra manera.
“En la mayoría de los casos, empiezan con una enorme voluntad de reinsertarse, pero también con mucha imaginación, porque ya no pueden ver. El que era herrero y fabricaba espadas, por ejemplo, ahora quiere hacer la espada del arcángel Miguel. El que era porquerizo, el que cuidaba cerdos, tiene que aprender a hacerlo con la intuición, el olfato y el tacto.
“Al final, se ha caído un árbol y le ocurre lo que le ocurre, pero la idea es esa: aunque la historia nos dice que estos hombres fueron derrotados y humillados, yo quería ofrecer otra versión de ellos”.

Conozca a David Toscana
El escritor mexicano David Toscana presentará en Costa Rica su novela El ejército ciego, ganador del Premio Alfaguara 2026. Será el jueves 29 de octubre, 6:30 p. m. en el Centro Cultural de España. Acompaña el escritor costarricense Carlos Cortés.
