Áncora

Bernardo Bertolucci (1941-2018): Cine, contradicción y abuso

Para ver al cineasta italiano hoy es necesario asumir las consecuencias de sus luces y sombras, de ‘El último tango en París’ en adelante

FILE -- Feb. 11, 1973 file photo Italian Director Bernardo Bertolucci, left, discusses a scene  with leading actor Marlon Brando, center, and actress Maria Schneider during the shooting on the movie "Last Tango in Paris", in Paris, France. Bertolucci, who won Oscars with "The Last Emperor" and whose erotic drama "Last Tango in Paris" enthralled and shocked the world, has died at the age of 77. Bertolucci's press office, Punto e Virgola, confirmed the death Monday, Nov. 26, 2018, in an email to The Associated Press. (AP Photo)
FILE -- Feb. 11, 1973 file photo Italian Director Bernardo Bertolucci, left, discusses a scene with leading actor Marlon Brando, center, and actress Maria Schneider during the shooting on the movie "Last Tango in Paris", in Paris, France. Bertolucci, who won Oscars with "The Last Emperor" and whose erotic drama "Last Tango in Paris" enthralled and shocked the world, has died at the age of 77. Bertolucci's press office, Punto e Virgola, confirmed the death Monday, Nov. 26, 2018, in an email to The Associated Press. (AP Photo)
En esta foto de 1973, el director Bernardo Bertolucci (izquierda) conversa con Marlon Brando y Maria Schneider durante la filmación de 'El último tango en París'. Foto: AP. (AP)

Sin nostalgia de por medio, sí se puede decir que ya pasó la época cuando una crítica de cine se podía hacer legendaria al lado de la película reseñada. Era 1972: la resaca del fallido 68 flotaba en el ambiente, pero también las electrizantes libertades de sus descubrimientos. No había mejor momento para el surgimiento de alguien como Bernardo Bertolucci.

La crítica célebre la firmó Pauline Kael en The New Yorker. Yendo al grano, comparó el 14 de octubre de 1972, estreno de El último tango en París en Nueva York, con el 29 de mayo de 1913, debut de La consagración de la primavera en el Théâtre des Champs-Élysées parisino. Compartían su “fuerza primitiva”, dijo Kael; era la película “más poderosamente erótica” y podía convertirse en “la más liberadora”. Había buen clima para los superlativos.

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