
El cine es un arte tremendamente difícil de producir y muy fácil de perder. Especialmente cuando hablamos de celuloide, el soporte físico en el que se crearon las películas durante el siglo XX; se estima que hasta el 90% de las cintas filmadas antes de 1929 se han perdido para siempre. Ahora predomina el formato digital, pero en archivos de todo el mundo se conservan las obras señeras creadas a lo largo de las décadas. En nuestro Archivo de la Imagen, en un rincón de barrio Otoya, descansaban los materiales de una película pionera de Kitico Moreno que hoy tiene nueva vida.
Como parte de sus estudios en archivo y conservación cinematográfica en Elías Querejeta Zine Eskola, España, el costarricense Jorge Jaramillo realizó la restauración digital del documental A propósito de la mujer (1975), dirigido por María de los Ángeles Kitico Moreno, fundadora del Departamento de Cine (hoy Centro de Cine) del Ministerio de Cultura y Juventud.
Jaramillo ingresó al Centro de Cine en 2018, pero en los últimos tres años antes de irse a España, en 2024, se dedicó al archivo. El primer encargado de la colección fue William Miranda, quien se jubiló por entonces. “Verlo trabajar en su pequeño espacio, medio caótico, y ver las mesas, los aparatos… Yo no entendía qué era una empalmadora, por ejemplo", recuerda Jaramillo.
“Todo el asunto del archivo también era un poco misterioso: qué había en esas bodegas de ahí abajo. De repente lo veía subir con unos rollos, revisarlos, y él siempre estaba muy anuente a explicarme qué era lo que estaba haciendo”, cuenta.

Trabajo en el archivo
Como muchos archivistas de cine latinoamericanos, Miranda se formó de manera empírica, pues no existe tal especialidad en el país. Es común que muchos aspectos del oficio se aprendan sobre la marcha, aunque instituciones como la Cineteca Nacional de México han apoyado a Costa Rica a lo largo de los años.
Por ello, el trabajo de Miranda inspiró a Jaramillo por su tenacidad y por el cuido que le brindó al archivo a lo largo de los años. El Centro de Cine ha invertido en la construcción de bóvedas adecuadas y de maquinaria y software especializados.
Sin embargo, nunca es un proceso sencillo. La Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF) define la preservación como “duplicar, copiar o migrar películas analógicas y digitales a un nuevo formato, generalmente cuando la expectativa de vida de los elementos originales es limitada o impredecible”.
Ese proceso implica procurar ser lo más fiel posible al original, aunque, en ausencia de elementos de sonido o imagen, a veces se requiere suplirlos de alguna manera.

“Yo viajé a San Sebastián con nueve rollos: eran cuatro rollos de imagen en A/B roll, que es una técnica de montaje; dos de sonido óptico; uno de sonido magnético; el copión de la película y una copia de proyección. Recuerdo que dejé una copia aquí porque era demasiado para viajar; era muchísimo peso”, cuenta Jaramillo.
“La gestión tampoco fue sencilla. Había que venir, pedir el permiso y lograr que creyeran en el proyecto. Yo ya no era funcionario. Era un simple ciudadano pidiendo sacar material patrimonial del país”, explica. En ese sentido, tengo que agradecerle mucho a Raciel del Toro (exdirector del Centro de Cine), que creyó en el proyecto desde el inicio, desde se lo conté“.
“Hice una revisión rápida de las dos copias y no vi ningún cambio, digamos, en el contenido. Me llevé la que presentaba mayor estabilidad y mayor contraste fotográfico”, explica Jaramillo.

¿Por qué esta película?
Para Jaramillo, optar por restaurar la obra de Kitico Moreno era una oportunidad para celebrar la historia del Centro de Cine y sus pioneros, quienes en los años 70 lograron crear cine de forma sostenida por primera vez en Costa Rica.
“Ese cariño me hizo pensar en su fundación, en su historia. Y quién más que la fundadora real, quien hizo los esfuerzos iniciales. Sentía que ella, su película y el tema podían ser un puente para hablar de una cinematografía poco explorada, por ejemplo, y de una institución que tiene una historia muy particular. Además, Kitico ha sido relativamente invisibilizada durante la historia posterior”, argumenta Jaramillo.
Ahora bien, restaurar también puede llevar a hallazgos relevantes. Con información de la investigadora de arte Susana Sánchez Carballo, logró identificar que la entonces ministra de Cultura Carmen Naranjo aparecía en una versión inicial de la cinta.
“En la película los relatos de las mujeres son intercalados por una mujer que está haciendo explicaciones de la condición de la mujer en Costa Rica en esa época y con premisas feministas. En esa versión, Carmen Naranjo es esa mujer”, explica. No obstante, por polémicas políticas de entonces, ella declinó participar.

Esa anécdota es ejemplo de algo crucial en restauración de cine. Un trabajo de restauración y de archivo es una mezcla de azar, un collage de iniciativas que puede tomar muchos años. A veces todo depende de la suerte. La película alemana Metropolis (1926) fue completada con una copia hallada en Uruguay décadas después;la cinta francesa La pasión de Juana de Arco (1927) fue hallada en un hospicio en Noruega en 1972.
“Restaurar una película es obsesionarse un poco con ella e investigar sobre ella. Realmente va más allá de lo técnico, de cómo se ve finalmente en un cine o de si es una réplica oficial de cómo se veía en su momento, independientemente de la época”, explica Jaramillo.
“Yo creo que es eso: obsesionarse. Y cuando uno se obsesiona, investiga y se da cuenta de este tipo de cosas. Es decir, realmente trasciende el cine”, dice. “Trasciende el cine y la restauración porque uno se da cuenta de que termina hablando de contextos políticos, humanos; termina hablando de cómo era la dinámica de un país. Y eso es lo que finalmente está buscando restaurar cuando restaura una película”.
Esta nueva versión de A propósito de la mujer se presentó en el último Costa Rica Festival Internacional de Cine (CRFIC), en julio. “Este hecho cierra un ciclo simbólico entre la producción estatal de los años setenta y la labor contemporánea de difusión y puesta en valor del patrimonio audiovisual costarricense”, escribe Jaramillo en su tesis.
Ahora, remozada y más accesible, ofrece sus potentes reflexiones con la diáfana voz de hacer 50 años. Algo triste y feliz es que algunas críticas que alzan los artistas allí siguen siendo relevantes hoy.

