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¡Grande, Leonel!

Actualizado el 30 de mayo de 2015 a las 10:52 am

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Quiero contarle, Leonel Moreira, que observé la final del Verano a través de la televisión, hasta la definición de los lanzamientos desde el punto de penal, única forma de quebrar la equidad futbolística entre Herediano y Alajuelense, con la obtención del título 24 de su equipo rojiamarillo.

Pues bien, como lo hice el 3 de enero del presente año en este espacio, cuando le escribí a usted una carta abierta en la que lo instaba a superar el trago amargo de la semifinal trasanterior, le reitero ahora mi admiración por la manera en la que, no solo archivó aquella jornada aciaga, sino que logró ratificar con creces lo que siempre ha sido: un arquero extraordinario.

Me refiero, específicamente, al lanzamiento que ejecutó Johan Venegas. Fue un disparo hacia el ángulo superior derecho, por lo general, imposible de alcanzar para un portero, pues la pelota suele filtrarse ahí “donde tejen las arañas”. ¡Potente y colocado, el penal del manudo! ¡Soberbio, su tapadón!

Yo he visto mucho fútbol. Sin embargo, recuerdo pocas acciones semejantes. Quizás el vuelo de Marco Antonio Rojas con la Tricolor en un fogueo internacional (febrero, 1984), atajada que eternizó en blanco y negro el fotógrafo Gerardo Sánchez, de La Nación . Tal vez, la reacción fantástica de Erick Lonis, tras un tiro libre magistral de Joseph Miso. El manotazo de Lonis sacó un balón que había entrado, pero tal fue su agilidad, que el árbitro ni se enteró, o se tragó el silbato, impresionado por la proeza.

De chiquillo, solía ingresar a hurtadillas en la cantina Las Cruzadas, en Calle Blancos, para mirar a escondidas la estampa de Carlos Alvarado, el legendario Aguilucho, suspendido en el aire con el balón en sus tenazas.

Embelesado, apreciaba la fotografía, procurando pasar inadvertido en aquel reducto de tragos, cigarrillos y palabrotas.

El penal de Venegas iba fuerte y al ángulo. Pero usted voló y repelió el bólido. De inmediato, la televisión captó en primer plano el rostro del artillero, quien musitó un “¡puta madre!”, plenamente justificado. Había rabia y admiración mezcladas en la expresión.

Siga honrando la vocación de locos con guantes que ustedes, guardavallas, han elegido. Además, ese abrazo con Patrick Pemberton, previo a los “fusilamientos”, fue un lindo gesto que enalteció al fútbol. ¡Grandes!

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