EDITORIAL

Educar a los amos

Las heces caninas proliferan en aceras, plazas y áreas verdes, a vista e impaciencia de los transeúntes, aunque pocos costarricenses tienen conciencia de que constituyen uno de los principales focos de contaminación ambiental y un problema de salud pública. Y son aún menos los propietarios que se preocupan por recoger lo que excretan sus mascotas en plena calle.

El 13% de la población canina de la Gran Área Metropolitana (GAM) defeca en la vía pública, según una encuesta de la Sociedad Mundial para la Protección Animal, lo que representa unos 76.500 especímenes. Investigaciones en otros países demuestran que una tercera parte de los propietarios no se encargan de los residuos fecales de sus perros cuando los sacan a pasear. Este grupo, que en Costa Rica se calcula es superior a las 200.000 personas, violenta las más elementales normas de la tenencia responsable de mascotas así como las reglas de la convivencia humana y del respeto mutuo.

Si pensamos que un perro mediano evacua 18 kilos de excremento al mes, podemos entender que las heces caninas, con las que a diario nos tropezamos en cualquier parte, no son cuestión de broma. Estas se acumulan por toneladas en lugares recreativos y de entretenimiento frecuentados por poblaciones vulnerables, como niños pequeños y adultos mayores.

Un estudio reciente de la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional (UNA) alertó que un 84% de los excrementos caninos, encontrados en parques públicos, están contaminados por parásitos que pueden transmitir enfermedades a los seres humanos.

Anualmente, siete niños pierden la visión en uno de los ojos a consecuencia de la toxocariasis, cuyos parásitos están presentes en dichas heces. Esta infección ya ha dejado parcialmente ciegos a 137 costarricenses.

Un solo gramo de excremento contiene hasta 23 millones de bacterias fecales coliformes. En contacto con el agua, o a través del polvo y de los insectos, es capaz de contaminar puestos ambulantes de comida, depósitos de agua, el aire y las áreas verdes. De este modo, transmite graves enfermedades parasitarias intestinales, respiratorias y gastrointestinales.

Por supuesto, en este, como en otros casos a los que lamentablemente nos hemos acostumbrado en Costa Rica, el problema es que la ley no se cumple o nos contentamos con no hacerla cumplir.

Desde el 2003, el Reglamento para la Reproducción y Tenencia Responsable de Animales de Compañía señala en el artículo 48 que “los propietarios o responsables deben recoger y disponer adecuadamente de las heces… cuando realicen deposiciones en aceras, parques, jardines de vecinos o lugares públicos”.

Normas y recomendaciones similares son parte del Manual Básico de Tenencia Responsable de Perros y Gatos, de la Asociación Nacional Protectora de Animales (ANPA) y del Servicio Nacional de Salud Animal (Senasa) y del código de manejo que aprobó la Municipalidad de San Rafael de Heredia, en el 2011.

Este y otros municipios, como Curridabat, han impulsado la apertura de parques señalizados, en los que se insta a los dueños a llevar bolsas y palas para recoger los residuos fecales de sus perros. Con este mismo espíritu, la UNA lanzó la campaña informativa “Si mi perro hace su necesidad, yo la desecho por educación”.

El artículo 8 del proyecto de Ley de Bienestar Animal y Tenencia Responsable de las Poblaciones Caninas y Felinas, que actualmente estudia la Asamblea Legislativa, plantea por primera vez sanciones para quienes irrespeten la obligación de “disponer adecuadamente” de las excretas de sus animales.

Sin embargo, como es imposible poner un policía al lado de cada perro que hace sus necesidades en la calle, es indispensable que el costarricense adquiera conciencia sobre los derechos, los deberes y las obligaciones que contrae al adquirir una mascota, tanto hacia el animal en sí como hacia su comunidad.

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Cartas a la columna

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    Mediante una serie de reportajes de este diario, los periodistas han informado con lujo de detalles sobre la difícil situación financiera que vive la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL). No obstante, no dan el crédito merecido a la administración actual, que ha demostrado honestidad y transparencia en su actuación. Sin duda alguna, los resultados serán positivos tanto para la empresa como para sus empleados, y sobre todo para los abonados. Todo un ejemplo de las autoridades actuales.Estos reportajes deberían hacerse también sobre otras instituciones que destacan por su inoperancia, burocracia e ineficiencia, que tanto dañan las finanzas públicas. Lo realizado por la CNFL debería servir de ejemplo para esta y todas las empresas del Estado.

  • Controles de empresas

    Hay un proyecto de ley que facultaría al Ministerio de Trabajo para multar directamente a patronos que incurran en faltas laborales, con montos que van desde ¢403.400 hasta ¢9.278.200.¿Existe alguna empresa que cumpla absolutamente con cada detalle que el Ministerio estipula? Tal vez empresas muy grandes. Pero ¿qué pasa con la mayoría de las empresas pequeñas costarricenses, que están tratando de sobrevivir con las ya pesadas cargas sociales, altos intereses, interminables trámites, etc? Durante las últimas décadas se ha tratado fervientemente de desmantelar la producción nacional. Este tipo de medidas fortalecen ese camino. ¿Quién va a querer dar trabajo en este país con estas amenazas? Sin duda, estas directrices aumentarán el desempleo.

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    Analizando el bajo porcentaje de personas que aprueban las pruebas prácticas de manejo, cabe preguntarse qué es lo que está fallando. Creo que la respuesta es muy obvia: lo que anda mal es el diseño de la prueba. Me parece que no hay planificación ni lógica, pues el examen no se ajusta a un objetivo final, que es determinar si una persona es apta para conducir un vehículo por las calles de Costa Rica.Por las exigencias de los calificadores, amparados en un frío reglamento, más pareciera que el aspirante a conductor está haciendo un examen para obtener un doctorado en conducción y no para demostrarle al técnico que sabe las reglas mínimas de conducción, y que su experiencia irá creciendo poco a poco a lo largo del tiempo. Creo que mediante una prueba anacrónica, lo que se está fomentando es que en la calle cada vez más circulen vehículos con choferes sin licencia. Esto generará que, en caso de sufrir algún accidente, las aseguradoras no reconozcan ninguna indemnización a los perjudicados, pues, por lo general, estos conductores novatos no tienen con qué responder ante un problema de ese tipo. No estaría mal que suavizaran un poco las calificaciones en caso de faltas cometidas en las pruebas, pues, actualmente, con una sola que cometa, aun cuando haya demostrado que conduce bien, el aspirante deberá hacer el examen de nuevo.Surge también la duda de si no se estará ante un negocio, dada la cantidad de personas que tienen que repetir la prueba y, con ello, pagar otra vez.

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    Fernando Zamora C.