EDITORIAL

Espiral represiva en Venezuela

Ante la peor crisis experimentada por el fallido “Socialismo del siglo XXI” en Venezuela, el presidente, Nicolás Maduro, ha decidido activar, abierta y descarnadamente, el curso que más se adapta a sus instintos, su ignorancia política, su incapacidad como gobernante y su fanatismo: la represión abierta.

No es la primera vez que, en la secuencia Chávez-Maduro, la cúpula del poder doblega las instituciones, burla los principios más elementales de la voluntad popular y la gobernanza democrática, inventa inexistentes conspiraciones y golpes de Estado, y lanza a policías, militares y grupos de choque a las calles, para impedir la manifestación del descontento popular. Ahora, sin embargo, las circunstancias son mucho más graves y los mecanismos utilizados más burdos.

La economía está en caída libre y no ha tocado fondo. El detonante del desastre ha sido el desplome en los precios del petróleo, prácticamente la única fuente de divisas del país. Tal como dijimos en un reciente editorial, la reducción a la mitad de sus ingresos externos, sumada a una dirección económica más orientada por la ideología y el fanatismo que por la técnica o la razón, ha acelerado una serie de funestas tendencias. Entre ellas están el desplome generalizado de la producción, la escasez de divisas, la inflación galopante, el freno a la inversión (tanto pública como privada), el precipitado drenaje de reservas monetarias, el desabastecimiento de productos básicos, un déficit exponencial y una deuda externa cada vez más abultada y difícil de administrar.

Sin ningún horizonte de mejora, y enfrentados al crecimiento en la pobreza, el desempleo y la peor escasez en la historia del país, los venezolanos han vuelto sus espaldas al régimen. Las tímidas medidas económicas, anunciadas hace pocas semanas, solo han conducido al incremento en la devaluación. Las opiniones favorables a Maduro y su régimen –alrededor del 20%– están en el nivel más bajo desde que Hugo Chávez ascendió al poder. Difícilmente mejorarán. Las protestas callejeras son diarias. La oposición, pese a sus fracturas internas, parece avanzar hacia una mayor unidad. El régimen sabe que, en estas circunstancias, existe virtual certeza de que será derrotado en las elecciones parlamentarias y regionales previstas para finales de este año.

Ante tan precipitado colapso, la única opción razonable para salvar a Venezuela es una verdadera reforma económica, un proceso de reconciliación y concertación interna, y un fortalecimiento de instituciones clave, pero ahora sometidas al Ejecutivo, como los poderes judicial y legislativo, el Consejo Electoral, el Banco Central y la empresa estatal petrolera PDVESA. En su lugar, sin embargo, el régimen ha resucitado por enésima vez el fantasma de un presunto golpe de Estado. Sobre esta base inverosímil se ha desbordado la represión.

Una disposición del Ministerio de Defensa autorizó recientemente a las fuerzas policiales y militares a disparar contra los manifestantes. Sus consecuencias quedaron en evidencia el pasado martes, con el asesinato del manifestante adolescente Kluiverth Roa, a manos de un agente policial. El alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, fue detenido sin orden judicial. Posteriormente, Maduro lo acusó de estar involucrado en el “golpe”, y ofreció como “prueba” un campo pagado, que Ledezma firmó con otros dirigentes opositores, sobre un posible gobierno de transición para superar la crisis. Está en marcha una iniciativa para desaforar al legislador Julio Borges, bajo los mismos cargos formulados a Ledezma. Han crecido los embates judiciales contra los alcaldes opositores en otras partes del país, lo mismo que el asedio contra las empresas privadas y los pocos medios de comunicación independientes que aún existen.

Sin duda, Maduro está empeñado en ahogar a la oposición antes de que haya elecciones, o incluso anularlas o irrespetar su resultado, si la situación empeora. Para hacerlo, nada parece detenerlo en sus métodos.

Por desgracia, el verdadero golpe de Estado que está en marcha en Venezuela tiene como actores principales a su presidente y al grupo más radical en el poder, posiblemente con asesoría de los agentes de seguridad cubanos. Es hora de que la comunidad internacional en general y, sobre todo, los países e instituciones latinoamericanos vayan más allá de manifestar imprecisas “preocupaciones” y llamados al “diálogo”, y tomen una acción más decidida para presionar a Maduro a que ponga fin al golpe propio y respete los derechos humanos y la democracia.

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Cartas a la columna

  • Caos vial en Moravia

    Hace unos meses, como respuesta a una carta que envié refiriéndome al tránsito en Moravia, el director de la institución contestó que “trabajan en el asunto”. Al día de hoy, no han hecho absolutamente nada. Es un caos diario. Los taxistas se estacionan donde quieren, los cabezales en las esquinas obstruyen la visibilidad, los camiones descargan casi sobre las aceras, las grúas se estacionan en media acera todo el día, etc. Frente al Ebáis, es difícil circular a ciertas horas y la zona amarilla no existe en nuestro cantón.Es hora de que la Municipalidad haga algo. Los oficiales de Tránsito no aparecen por ningún lado. A veces pasan sonando las pitoretas y los conductores se apresuran a retirar sus autos, camiones y taxis, pero momentos después la situación vuelve a ser la misma. La Policía Municipal solo se encarga de los vendedores ambulantes. ¿Por qué no encomendarles la tarea de multar a quienes se estacionen en las zonas prohibidas? Un oficial de Tránsito con moto que recorra Moravia no será una gran carga para nadie, pues su sueldo, gasolina, cargas sociales, etc. se le pagarán con el sinnúmero de partes que haría diariamente.

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    El fin de semana del 20 al 22 de febrero estuve en los canales de Tortuguero, sin duda uno de los lugares más bellos de Costa Rica, con excelentes hoteles y una atención extraordinaria.Es sorprendente la cantidad de turistas que visitan la zona; al menos el 90% son extranjeros. Pero la carretera que va del puesto de Policía de Cuatro Esquinas a Pavona, donde se toma la embarcación, está en pésimas condiciones. Son 16 kilómetros de una calle totalmente llena de huecos, a tal punto que al vehículo de la agencia que nos transportó se le quebró un compensador. ¿Así queremos que el turismo crezca? ¿Qué está haciendo al respecto la Municipalidad de Pococí?

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